Neologismos En Informática: El Aumento a Partir de la Aparición de Internet y el Desarrollo Tecnológico

ABSTRACT

Este trabajo tuvo como fin comprobar que la cantidad de neologismos recientes derivados del internet y los fenómenos sociales informáticos ha aumentado vertiginosamente en los últimos cuarenta años gracias al desarrollo de la tecnología y otros factores de índole social. Para tal cometido, se recurrió a diversos documentos académicos, así como otros menos teóricos cuyo acercamiento tuvo un propósito de recopilación de información. Los resultados obtenidos fueron una síntesis de estos dos tipos de documentos, los cuales nos ayudan a entender un poco mejor la evolución del neologismo en una época más reciente, en la que es impensable dejar de lado las tecnologías de la información.

Este es un trabajo de Verónica Pedroza realizado para la materia Taller de Investigación Documental de la Universidad Iberoamericana, campus Ciudad de México (2º Semestre, Mtro. Eduardo Portas, Primavera 2020)

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INTRODUCCIÓN

Los neologismos no son algo nuevo dentro del campo de la lingüística (un tanto de manera irónica, dada la etimología de la palabra). Y para estas nuevas generaciones, tampoco lo es la tecnología; específicamente, la tecnología de la información. Pero, curiosamente, sigue sin ser clara la relación que se presenta entre los primeros y la segunda.

Por un lado, la tecnología ya no puede limitarse a ser entendida únicamente con base en sus soportes físicos o programas algorítmicos, sino que, sobre todo en años más recientes, ha adquirido dimensiones sociales que repercuten en la manera de comunicarse de la sociedad actual.

Hoy en día es imposible pensar en la comunicación humana sin la presencia de estos dispositivos que, además de facilitarla, paradójicamente, también le han brindado nuevos factores que, hasta, la fecha, causan confusión en quienes nos dedicamos a estudiarlos.

Sin embargo, un elemento que se puede distinguir dentro de esta confusión es la presencia de nuevos vocablos que surgen a raíz de estos fenómenos sociales informáticos.

Ya sea por los nuevos factores de identificación en las comunidades cibernéticas, ya sea por los nuevos oficios propiciados por las diversas plataformas; el caso es que hablamos de palabras nuevas que atienden una necesidad híbrida entre lo social y lo técnico.

A lo largo de este escrito, lo que se buscará es comprobar que la cantidad de este tipo de mecanismos ha sufrido un aumento en los últimos años; así como indagar en las razones de este fenómeno.

PREGUNTAS DE INVESTIGACIÓN

¿Cuál es el origen de los neologismos informáticos, a rasgos generales, en la actualidad? ¿Por qué la aparición del internet ha significado un crecimiento en la cantidad de neologismos generados? Y, ¿por qué razón surgen estos neologismos?

OBJETIVOS

Encontrar el origen de los neologismos (a rasgos generales) en la actualidad, por qué la aparición del internet ha causado un incremento en la creación de éstos, y la razón por la que surgieron.

JUSTIFICACIÓN

El lenguaje oral y escrito resulta fundamental para sentar las bases de la comunicación, y en una época en la que cada vez se ve más afectado por el avance tecnológico y los fenómenos sociales informáticos, resulta imperativo analizar el origen y aplicación de estos nuevos vocablos: de estos neologismos.

HIPÓTESIS

Si hay elementos homólogos en los orígenes de los neologismos, entonces podrá comparárseles y comprobar que su cantidad ha sufrido un incremento vertiginoso a partir del desarrollo tecnológico y la aparición de nuevos fenómenos sociales informáticos.

METODOLOGÍA

La estrategia metodológica utilizada fue de investigación documental. Las fuentes primarias fueron artículos enfocados en el estudio de neologismos; por otro lado, para el marco teórico se recurrió al teórico John Searle, con la finalidad de respaldar los argumentos aquí presentados.

En materia de resultados, estos fueron obtenidos después de buscar en el navegador web Googlediccionarios informáticos; o que tuvieran a bien incluir listados categorizados al respecto. Una vez confirmada esta característica se procedió a investigar dentro de la plataforma, libro electrónico; etc., si éste contaba con otras palabras en su acervo relacionadas con la informática que no estuviesen contenidas en el listado.

En caso de que esto último ocurriese, dado que el resto de palabras no contenidas en el listado carecían de una categorización, se procedió a contabilizar únicamente aquellas que sí estuviesen dentro del grupo. Una vez hecho esto, se definió el tipo de documento y su fecha de lanzamiento o fundación. Cabe mencionar que los elementos consultados eran tanto de habla hispana como inglesa.

Finalmente, para la discusión de resultados, la información anterior fue comparada y complementada con la investigación teórica de Searle presentada en el marco teórico de este documento.

Recursos materiales: Laptop HP Notebook TPN-I120, iPhone SE, iPad 7 y Apple Pencil 1a Generación.

ESTADO DEL ARTE

El avance tecnológico y los fenómenos sociales informáticos han propiciado la creación de nuevas palabras que poco a poco hemos ido adoptando (y adaptando) a nuestra vida cotidiana.

Las nuevas tecnologías hacen que la comunicación sea, tanto desde la perspectiva de la producción como desde la recepción, cada vez más accesible a un mayor número de personas y que llegue a ámbitos cada vez más amplios, con eliminación o reducción de las limitaciones espaciales y también temporales de la comunicación. (Albaladejo en Sarmiento, 2007, p. 84)

Es gracias a estas nuevas tecnologías que, en la actualidad, tenemos acceso a grandes depósitos de información oral y escrita, lo que cambia de manera drástica la manera en que podemos acercarnos al lenguaje; comparándolo con hace un par de siglos, sí, pero incluso hace 40 años.

Esto nos brinda un nuevo panorama, pues se crean nuevos acercamientos hacia la lingüística. Hablamos, entonces, de una base que puede estar hasta cierto punto computarizada u orientada a ello, pero en lo que no se tiene lugar a discusión, es que debe estar validada por los datos. (Marti et al, 2012, p. 551)

Precisamente debido a esta reciente relación entre el lenguaje es que Teóricos como Tognini Bonelli han tratado de dividir en etapas el proceso mediante el cual trabajan en conjunto. A propósito, este autor en particular distingue tres etapas:

La primera de ellas consideraba a la Informática como una simple herramienta para el trabajo lingüístico –hasta el momento la mayor contribución a la Lingüística, según la autora–, gracias a la cual era posible gestionar y procesar la información de una manera más rápida y más cómoda. La siguiente fase se caracterizó no solo por la mayor abundancia de ejemplos reales de información, sino por la propia naturaleza de los ordenadores, que afectó al marco metodológico de la investigación gracias a una mayor velocidad, sistematización y volumen de los datos. La década de los noventa fue testigo de la tercera etapa […], gracias al increíble aumento de la información procesable con la ayuda del ordenador, que contribuyó no solo a la mejora cualitativa sino también a la cuantitativa y, con ellas, a la revolución que ha aportado nuevos enfoques y ha removido cuestiones teóricas ya establecidas. (Tognini en González, 2017, p. 172)

El vocabulario más complejo de la informática nace de la función nominativa de las palabras; sea para nombrar herramientas, productos, procesos, tecnologías; en fin, todos los derivados de ésta. Sin darnos cuenta, este léxico que pareciera estar conformado por tecnicismos acabar por entrar a nuestras vidas. De esto puede dar cuenta nuestra habla cotidiana y los propios temas de nuestras conversaciones. (Pinilla en Sarmiento, 2007, p. 144)

Hablando un poco sobre lexicología, Evans y Givón (en Alcántara Plá, 2016, pp. 18-19) mencionan que “la lingüística contemporánea considera que el significado léxico es complejo, dinámico y, por lo tanto, no definible con categorías absolutas. El motivo principal es que depende tanto de la palabra como del contexto en que esta aparece.” Asimismo, se ha considerado que es imperativo, en palabras de los autores mencionados hace un momento, “delimitar los factores que son relevantes para definir ese contexto es una misión aún más difícil que la anterior ya que son constructos creados a partir de las percepciones subjetivas de los interlocutores”.

Para hablar de la construcción del lenguaje, resulta indispensable hablar de la neología. Sobre ésta, Cabré (en Vila Ponte, 2018, p. 29) dice: “la creación de nuevas voces y construcciones es la respuesta que mejor satisface las necesidades comunicativas o expresivas que pueden surgirle a una comunidad de hablantes, sobre todo cuando hablamos de conjuntos cerrados como pueden ser las comunidades científicas.”

Bajándolo a un contexto más actual, un buen ejemplo es la comunidad de gamers y de bloggers que continuamente generan palabras nuevas. “En efecto, la neología, concebida como la actividad de creación de nuevas denominaciones, es completamente necesaria en los dominios de especialidad, donde la constante aparición de nuevos conceptos exige una actividad neológica permanente”, concluye Cabré.

Sobre lo mismo, Lavale-Ortiz (2009, p. 215) le denomina como “una categoría paralela a las categorías reconocidas y aceptadas, una especie de espejo en el que se refleja una realidad inventada que luego puede formar parte de la realidad reconocida y admitida.” Para poner en claro el vínculo entre neología y tecnología, conviene recurrir a Vilches Vivancos (en Sarmiento, 2007, p. 85), para quien “las nuevas tecnologías, como toda actividad en la que surgen nuevas realidades y nuevos aspectos o perspectivas, plantean una necesidad de creación neológica.”

La diferencia entre neología y neologismo radica, esencialmente, y de acuerdo a Ramos (en Gabina y Moscoso, 2019, p. 33) en que no es lo mismo hablar del proceso que del producto (cosa que aplica para más de una disciplina). Los neologismos en sí son meros mecanismos de carácter novedoso, mientras que la neología se compone de reglas y demás restricciones que estudian su génesis y utilización; entre otras cosas.

Cuando hablamos de neología semántica, podemos definirla como un campo en el que las palabras sufren cambios, valga la redundancia, semánticos a partir de otros mecanismos cuya existencia les antecede en cierta lengua. Para su creación, se recurre a procesos como “la metonimia, la metáfora, la peyorización, el eufemismo, la extensión y extensión del significado, la dislocación, el ennoblecimiento y el envilecimiento.” (Gabina y Moscoso, 2019, p. 41)

Hablando de los requisitos requeridos para considerar a una palabra como neológica, ésta lo será no sólo por ser “nueva”, como lo indica el prefijo. Evidentemente, se trata de su característica principal, mas esta novedad implica a la vez a un hablante o grupo que le utilice; de lo contrario, podríamos calificarle de hápax o neologismo ocasional. Sin embargo, algo sólo puede ser nuevo al comparársele con lo conocido; por tanto, podríamos decir que lo familiar (hablando tanto de lenguaje como de manera general) nos ayuda a crear y a entender lo nuevo.  (Lavale-Ortiz, 2009, p. 216)

Se han brindado distintas explicaciones al génesis de los neologismos. Para Martinet (en García, 1996, p. 49), suele haber una distinción entre las causas objetivas, las cuales cumplen con la función más básica de comunicación (con la particularidad de que el comunicado implica alguna novedad que requiere del neologismo), y las subjetivas, poseedoras de una mayor complejidad.

Ciertos criterios que valen la pena para ser tomados en cuenta son:

  1. a) La diacronía: una unidad es neológica si ha aparecido en un período reciente.
  2. b) La lexicografía: una unidad es neológica si no aparece en los diccionarios.
  3. c) La inestabilidad sistemática: una unidad es neológica si presenta signos de inestabilidad formal (morfológicos, gráficos, fonéticos) o semántica.
  4. d) La psicología: una unidad es neológica si los hablantes la perciben como una unidad nueva. (Cabré en García, 1996, p. 57)

Es importante recordar que el hecho de que un neologismo se integre (o no) al lenguaje de uso cotidiano u “oficial” (si puede haber tal cosa) sólo puede ser juzgado desde una dimensión histórica. Es el tiempo el único que puede proveerle de una independencia semántica, formal y funcional, la cual se encuentra su desarrollo gracias a un uso constante; sea éste oral o escrito. Así, tras obtener esta especie de combo, pueden estos neologismos aspirar a ser agregados al acervo de los académicos: los llamados “diccionarios”. (Alba de Diego en García, 1996, p. 50)

A lo largo de la historia, puede hablarse de ciertos vocablos cuyo uso limitado podría calificarles de circunstanciales; incluso al estar recopilados dentro de estos valorados “diccionarios”. Dicho calificativo va teniendo mayor validez conforme avanza el tiempo desde su última utilización, cosa que halla ciertas similitudes en relación con las tendencias de redes sociales. Pero, de la misma manera, puede darse el caso de que, tanto vocablos como tendencias, regresen de manera inesperada; con más fuerza incluso que cuando se originaron. (García, 1996, p. 52)

Estas palabras “circunstanciales” duran tan poco debido a que su creación es producto de una comunidad en específico; y su uso también se limita a un grupo en particular. A menos que las palabras sean compartidas y utilizadas ampliamente, pueden terminar desapareciendo o convirtiéndose en un argot arcano (lo que ya mencionábamos en cuanto a comunidades como la de los gamers y los bloggers). Una manera de lograr que las palabras ganen circulación es que atienda una necesidad lingüística; de este modo, también gana estabilidad. (Mostafa, 2013, p. 148)

Teóricos como Moore, Carling y Evans (en Alcántara Plá, 2016, p. 19) argumentan que “los significados, por lo tanto, no son fijos como podríamos pensar al consultar un diccionario clásico, sino que se conforman dinámicamente”; es decir, su significado no necesariamente se encuentra inscrito en su sintaxis.

A esto, también añaden que “lo que una palabra expresa depende de lo que se ha querido expresar con ella en el pasado, del conocimiento enciclopédico y de la intención con la que se utiliza en el momento.” Con esto, el lenguaje se ve cargado de subjetividades, haciendo que, en palabras de los académicos, “no sean solo constructos racionales, sino que incluyan valores emocionales.”

Hay quienes desestiman la validez de los neologismos por distintas razones. Uno de los argumentos más comunes es que son “efímeros” y no perduran en el lenguaje. Sin embargo, esto no es del todo cierto, ya que, aunque hay algunos neologismos que llegan a desaparecer, hay otros que sí se vuelven parte del lenguaje; independientemente de la recurrencia con que sean utilizados. (Mostafa, 2013, p. 153)

También está el argumento de que muchos de estos neologismos tienen su origen en el humor. Esto en realidad tiene una explicación bastante sencilla, y es que este tipo de neologismos es el que llama más la atención por su ingenio y astucia. Ya sea que esto tenga validez o no, sigue sin haber un argumento que respalde la exclusión de estos vocablos del estudio académico. (Mostafa, 2013, p. 153)

Las críticas académicas, dice Drotner (en Alcántara Plá, 2016, p. 17), “se han centrado en cuestiones formales, sobre todo en la conveniencia de adoptar un nuevo término en lugar de aprovechar los existentes, sin entrar a valorar en profundidad sus significados.” No obstante, continúa, no “hay un estudio sistemático […] de cómo estos neologismos reflejan, y probablemente impongan en muchos casos, nuevas formas de comprender las relaciones sociales.”

Los neologismos suelen encontrarse en ciertos campos específicos; es decir, el lenguaje no es objeto de estudio exclusivo de la lingüística. Sin embargo, a pesar de lo paradójico del asunto, no pueden pasar desapercibidos los registros especiales, pertenecientes a otras disciplinas, que también estudia la lingüística. (Mostafa, 2013, p. 153)

Refiriéndonos a los neologismos informáticos “por su intensa incorporación a nuestra lengua y a nuestras vidas, son un objeto de estudio privilegiado para analizar aspectos discursivos que nos pueden servir para comprender mejor cómo las innovaciones electrónicas (y la nueva terminología que traen consigo) están afectando a nuestras sociedades más allá de las lecturas superficiales, optimistas o catastrofistas, a las que estamos habituados. (Drotner en Alcántara Plá, 2016, p. 18)

Regresando un poco a las relaciones entre lenguaje e informática, éstas son tema de preocupación, sí para los lingüistas, pero también para los informáticos, pues son conscientes de la importancia de hacer un uso correcto y racional del idioma, así como el uso del sentido común para la utilización de extranjerismos. (Pinilla en Sarmiento, 2007, p. 144)

Según Hernández (en Sarmiento, 2007, p. 72), el uso del “concepto de norma como ideal de buen uso es el que más dificultades presenta para su definición, tal vez por la propia subjetividad del denominado «sentido de corrección»”; problema al que se ha enfrentado cualquiera que haya editado un texto. Quienes rechazan este concepto, dice Hernández, suelen hacerlo, “ya sea porque la lengua se regula por sí misma o porque la normalización lingüística puede ocultar intenciones espurias de manipulación que se asocian con posturas ideológicas extremas de un signo o de otro.”

De manera particular, las nuevas generaciones se han adaptado con menor dificultad a la globalización gracias al uso de tecnologías más modernas; ventaja con la que no se contaba en décadas anteriores. Al mismo tiempo, gracias a la contribución del Internet han surgido diferentes tipos de neologismos, los cuales crean, prestan, modifican o dan un significado nuevo a mecanismos ya existentes. Recordemos que el surgimiento de un neologismo puede darse de forma normal o combinada desde su lengua madre o una lengua “prestada”, lo cual le brinda una definición distinta.  (Gabina y Moscoso, 2019, p. 32)

Hablando un poco sobre los neologismos que surgen de una lengua “prestada”:

Resulta interesante […] conocer los criterios académicos relativos a la ortografía de los extranjerismos y latinismos, y las transcripciones de palabras de otras lenguas que no utilizan el alfabeto latino en su escritura. Estos datos son de gran ayuda en una sociedad de la información que destaca, desde el punto de vista lingüístico, por la globalización puesto que cada vez hay más voces de determinados ámbitos que son compartidas por un número mayor de lenguas con intereses afines. Independientemente de la agilidad con la que las distintas academias incorporen los neologismos en sus diccionarios, muestran, en este sentido, su predisposición a solventar cualquier duda lingüística que pueda producirse en contextos plurilingües, cada vez más habituales, cuyos efectos trascienden a los entornos educativos. (Sabater e Infante, 2011, pp. 151-152)

Hablando de comunicación informática, los neologismos surgen en un contexto más bien técnico, y, en la mayoría de los casos (por no caer en una exageración al decir “todos”), provienen del inglés; cosa que no debiera sorprendernos del todo dado que ha sido catalogado como el idioma “universal”. Específicamente, estos anglicismos son más bien de carácter nominativo, como Apple, Facebook, Instagram, Twitter. Snapchat, IBM, Microsoft; entre otras. (Pinilla en Sarmiento, 2007, p. 143)

En cuanto a la creación de neologismos anglófonos se refiere, Alcántara Plá (2016, p. 16) dice que “ha sido recibida por el mundo cultural de modo negativo. Los comentarios contrarios a los neologismos no han sido pocos en los países anglófonos, pero se han multiplicado en los demás lugares precisamente por ser préstamos del inglés.” Sin embargo, López (en Vila Ponte, 2018, p. 29) también dice que “es importante la actitud por la que se opta, pues si hay ausencia de actitudes puristas podría conformarse […] como un síntoma de mortandad lingüística, donde una de las lenguas en contacto se debilita hasta desaparecer.”

Vila Ponte (2018, p. 103) menciona que “la adaptación al español de estos extranjerismos puede ser de dos formas: o bien mantienen su pronunciación y grafía originales […] o bien presentan algún tipo de adaptación gráfica o fonética”; es decir, conservaban su sintaxis, pero su fonética se ve alterada dependiendo del idioma al que están ingresando. A propósito de lo anterior, Abaladejo (en Sarmiento, 2007, p. 89) comenta que el “que se haga o no traducción supone […] facilitar la integración de éstos en la lengua de llegada, o bien hacer que éstos queden marcados como tales, sin que por ellos se excluya su integración.”

Sobre el mismo tema, otros autores afirman que el componente extraño empieza por ser un extranjerismo que no está adaptado a la lengua que le recibe, y termina por convertirse en un préstamo que acaba por mezclarse con la lengua receptora. De esta manera, los hablantes del idioma acaban por aceptarle como un mecanismo más. (Gómez en Vila Ponte, 2018, p. 52)

Todas las culturas han ido adaptando rasgos lingüísticos de otras culturas, haciendo que con el uso frecuente se adapte en los usuarios”; cosa que vemos mucho más reflejada en nuestra época actual. “El préstamo lingüístico es importante para que haya contacto entre dos lenguas, este fenómeno sociolingüístico se da por ejemplo entre el inglés y el español o el francés y el inglés, etc. Se da un préstamo lingüístico cuando un grupo toma rasgos o unidades de otro grupo y que el primer grupo no tenía. (Gabina y Moscoso, 2019, p. 35)

Sabater e Infante (2011, p. 146) mencionan que, cuando el origen de las lenguas que sufren el intercambio es distinto, “la cuestión se complica si no comparten el mismo alfabeto fonético o las mismas grafías. En estos casos, la Academia es la encargada de poner en marcha el sistema de adaptación” (lo que mencionábamos hace un par de párrafos sobre “el sentido de corrección”). No obstante, terminan diciendo que “su decisión no siempre es equiparable a las preferencias de los usuarios de la lengua, tanto desde el punto de vista lingüístico […] como desde la perspectiva de aceptación de nuevas voces”.

Tratando el tema de la comprensión del neologismo:

Siempre van a producirse tres fases: en un primer momento, se da una etapa de reconocimiento marcada por el sentimiento de novedad que se genera al contrastar el neologismo con las unidades de la memoria; en un segundo estadio, el neologismo actúa como un anclaje discursivo que permite la activación de los elementos lingüísticos disponibles en la memoria, de forma que las categorías lingüísticas que sirven para organizar la realidad externa y el resto de recursos cognitivos se ponen en marcha para asignarle un significado a la nueva forma; y, en la fase final, se apela a la memoria compartida para comprobar el grado de extensión y frecuencia que posee esa voz en la comunidad de habla del usuario, fase que permite establecer si se trata de un neologismo únicamente para el receptor o para todos los usuarios de su comunidad lingüística. (Lavale-Ortiz, 2009, p. 224)

Los jóvenes son más propensos a aprehender los pormenores de la innovación léxica y su divulgación, dado que no se muestran tan renuentes a aceptarlos. No hay que olvidar que toda voz neológica debe ser aceptada para que la comunidad hablante le consolide. (Fernández-Sevilla en García, 1996, p. 53)

Un término que no ha sido extendido entre una comunidad hablante y permanece estancado en una terminología específica de cierta actividad o es producto de un creativo individual que no ha conocido una generalización podría llegar a considerarse como pasajero. O, incluso, como un término restringido. (García, 1996, pp. 55-56)

Desde un enfoque más orientado a lo cognitivo, Lavale-Ortiz (2009, pp. 212-213) ha dicho que “para procesar el léxico nuevo no partimos de la nada o de un fondo vacío: contamos con un sistema lingüístico rico en unidades sedimentadas y en otros recursos almacenados que son empleados en la generación de nuevos lexemas”. Esto aplica tanto para el inglés como para el español; aunque su riqueza no pueda ser medida bajo los mismos estándares. Así, la autora aporta que “son estos elementos conocidos que conforman nuestra competencia lingüística los que explican por qué entendemos de manera correcta palabras que son completamente nuevas para nosotros.” Es por ello que se da una especie de asociación y, en palabras de la teórica, “al escuchar una nueva expresión lo que hacemos es activar otras unidades conocidas que se acercan a esa nueva expresión por parecido formal o semántico.”

Sobre lo mismo Lavale-Ortiz (2009, p. 211) también menciona que, para la interpretación de un nuevo concepto, la primera fuente a la que recurriremos será nuestra propia memoria (y es en parte por esto que el lenguaje está cargado de subjetividades). Asimismo, estos elementos lingüísticos que ya han sembrado raíces por la manera en que han sido empleados en diversas situaciones y que yacen categorizados nos sirven para llevar a cabo una interpretación de nuevos conceptos que, de alguna manera, nos vuelven a llevar a esos elementos enraizados.

Por lo tanto, se utiliza “una palabra ya existente para un significado nuevo, como ocurre con muchos términos de las nuevas tecnologías, lo hacemos normalmente gracias a que ambos conceptos, el existente y el incorporado, tienen rasgos comunes que nos permiten la conexión metafórica” (Alcántara Plá, 2016, pp. 19-20).

Alcántara Plá (2016, p. 33) menciona que es conveniente no reducir nuestros análisis a cuestiones formales sobre estos nuevos vocablos, sino definirlos dentro de un contexto de su utilización para explorarlos de manera más profunda; es decir, tener en cuenta todos los elementos que le rodean y mantener un pensamiento crítico que no se deje guiar por hábitos.

Regresando a los análisis, estos suelen hallar problema al enfrentarse a comportamientos pre-digitales y el léxico que se repite favorece que se asimile de manera más eficaz y veloz. Con lo ya dicho, se concluye que esta inclinación a defender la utilización del léxico ya existente en perjuicio de los préstamos lingüísticos puede presentar resultados perjudiciales en nuestra relación con un mundo donde las tecnologías de la información se hallan impuestas.

A la hora de clasificar los diversos procedimientos para la formación de voces neológicas, se suelen tener en cuenta únicamente los parámetros lingüísticos y se distinguen con nitidez los aspectos semánticos y los formales, en los que están, además, muy presentes los préstamos, sean palabras-citas o vocablos convenientemente adaptados, así como los calcos semánticos.

Sin embargo, habría que matizar que ciertos procedimientos como la formación onomatopéyica o la truncación no tienen una vitalidad tan importante como pareciera, dado su carácter de creación espontánea, alejada de la lexicalización del término, al margen de la previsible expresividad que puedan poseer. Los diversos procedimientos usados en la creación de nuevas unidades, sobre todo los de mayor productividad, esto es, la composición y la derivación, que pertenecen a la competencia lingüística, deben analizarse con detenimiento. (García, 1996, p. 57)

Podemos afirmar que los neologismos tienen un papel protagónico dentro de una sociedad de la información que empapa hoy día al habla hispana. No obstante, se ha comprobado que hay cierta dificultad al momento de anexar estas voces a un diccionario (como ocurre cuando se trata de especializar cualquier rama del conocimiento). Esto deriva, principalmente, de la velocidad con que lo oral recoge nueva terminología. La posición, un tanto conservadora, de la academia se ha distinguido por actuar de manera prudente al considerar la aceptación de nuevo vocabulario. (Sabater e Infante, 2011, p. 159)

La sociedad de la información favorece la aparición de nuevos elementos léxicos no necesariamente exclusivos del lenguaje técnico y, en caso de que lo sean, adaptables a la cotidianidad de las jóvenes generaciones, siempre más receptivas a lo novedoso. El contacto entre diferentes lenguas e incluso entre distintas variedades de una misma lengua propicia, al mismo tiempo, el incremento de vocabulario con voces que designan nuevas realidades o conceptos ya conocidos, pero nombrados de forma distinta en el lugar en que se reciben. (Sabater e Infante, 2011, p. 145)

En comunicación, esto es importante porque:

Dichas creaciones neológicas tienen una repercusión en el uso comunicativo que va más allá de los laboratorios informáticos en las que se generan y de los pasillos y despachos en los que los informáticos las intercambian, puesto que traspasan esas fronteras técnicas y nos llegan a todos los hablantes en muchos de nuestros intercambios comunicativos habituales. (Pinilla en Sarmiento, 2007, p. 143)

MARCO TEÓRICO

Actos de Habla (1994) es la manera en que John Searle, filósofo del lenguaje que se ha especializado en su relación con las ciencias sociales, tituló su libro donde trata sobre este mismo tema. Ciertamente, el habla y lo escrito son dos vertientes del lenguaje que tienen sus propias especificaciones; sin embargo, el propio sentido común percibe que hay ciertas características y normas que ambas comparten, y sobre las cuales están construidas.

Nuestro autor, egresado de la Universidad de Oxford, ha tenido un enorme impacto en la manera en que son abordadas las ciencias sociales gracias a sus disertaciones (Searle, 2004, p. 7). Apoyándose en los mismos maestros a quienes dedica su reconocido libro, J. L. Austin y P. F. Strawson (Searle, 1994, p. 9), Searle nos demuestra que hay más en el lenguaje de lo que aparenta, y que no se limita a cuestiones relacionadas con disciplinas como lingüística y gramática.

TÉRMINO SIGNIFICADO REFERENCIA
Filosofía del lenguaje Intento de proporcionar descripciones filosóficamente iluminadoras de ciertas características generales del lenguaje. Searle, J. Trad. Valdés, L. (1994). Actos De Habla.Madrid: Cátedra. p. 14.
Hablar Realizar actos conforme a reglas. Searle, J. Trad. Valdés, L. (1994). Actos De Habla.Madrid: Cátedra. p. 31.
Identificación Cuando ya no hay ninguna duda o ambigüedad sobre aquello de lo que exactamente se está hablando. Searle, J. Trad. Valdés, L. (1994). Actos De Habla.Madrid: Cátedra. p. 93.
TÉRMINO SIGNIFICADO REFERENCIA
Mecanismos simbólicos (palabras) De acuerdo con una convención, significan o representan cosas más allá de los propios mecanismos (palabras). Searle, J. Trad. Castro, M. (2004). Lenguaje y Ciencias Sociales. Diálogo Entre John Searle y CREA.Barcelona: El Roure. p. 19.

 

“Hablar” y la Intencionalidad del Lenguaje

Antes de entrar de lleno en el tema, es importante hacer una aclaración, y es que, aunque nuestro autor bautiza su libro con el nombre de Actos de Habla, lo cierto es que no se refiere expresamente al lenguaje oral, sino al lenguaje de una manera mucho más general.

Es por ello que la definición de “realizar actos conforme a reglas” (Searle, 1994, p. 31) no será exclusiva del habla, sino que también podrá aplicarse al lenguaje escrito. Esto es importante porque los neologismos informáticos, tema central de este escrito, pueden hallarse en ambas manifestaciones. Después de todo, cuando leemos lo hacemos con nuestra propia voz; o bien, con la de personajes creados por nosotros.

Palabras más, palabras menos, Searle dice que para que la emisión de un mensaje sea exitosa se debe tener la intención de expresar algo (1994, p. 102). De hecho, es esa misma intencionalidad la que funciona como vínculo entre nuestra conciencia, la realidad existente y nuestras acciones sobre esta realidad (Searle, 2004, p. 27). Esto, nos damos cuenta, aplica también a los neologismos de nuestro interés, ya que, como se ha dicho anteriormente en este escrito, las palabras que surgen y casi al mismo tiempo dejan de tener un uso, acaban por desaparecer.

Sobre la filosofía del lenguaje y los mecanismos simbólicos

Ahora bien, Searle menciona que su tesis se centra más bien en la filosofía del lenguaje, que no debe ser confundida con filosofía lingüística; empezando porque la primera se trata de un tema, y la segunda de un método (1994, p. 14).

Esto embona con esta investigación, dado que, para entender el origen de un neologismo, no nos basta con saber de su sintaxis, gramática y demás reglas formales, sino que es necesario adentrarse en un contexto que yace más allá de las normas lingüísticas convencionales. Para entender cómo funciona la creación de nuevos vocablos en el lenguaje, es indispensable colocarnos en ciencias sociales como la historia y la sociología, las cuales nos brindan un mejor entendimiento de este carácter humano y menos objetivo de nuestra manera de comunicarnos.

Para ello conviene hablar de los mecanismos simbólicos (Searle, 2004, p. 19), que vendrían a ser estas palabras cuyo significado va más allá de la palabra per se. Tomemos, por ejemplo, el vocablo nigger, del inglés.

Dependiendo del contexto en que sea utilizado y la intención con que sea proferido (o, en nuestro caso, escrito), su significado puede llegar a tener una connotación racista que en su época era completamente normal. Sin embargo, en la actualidad se le asocia inmediatamente con algo ofensivo y que es mejor evitar (a menos de que se utilice para fines académicos, como es el caso presente).

Así, nos damos cuenta de que las palabras no están sujetas únicamente a las ciencias sociales, sino a un buitre que se dedicará a desmembrarlo una y otra vez, obligándolo a regenerar cartílago, hueso y carne siempre diferentes a los de su estado anterior: el transcurrir del tiempo. Es precisamente esto lo que irá generando nuevas necesidades en las personas para poder expresarse y, por lo tanto, por tener un lenguaje que cumpla con dicha función. Sobre esto, Searle menciona:

A menudo no soy capaz de decir exactamente lo que quiero decir incluso si quiero hacerlo, porque no conozco el lenguaje lo suficientemente bien para decir lo que quiero decir […], o peor aún, porque el lenguaje puede no contener palabras u otros recursos para decir lo que quiero decir. […] Puedo, en principio, ya que no de hecho, incrementar mi conocimiento del lenguaje, o más radicalmente, si el lenguaje o los lenguajes existentes no son adecuados para la tarea, si carecen simplemente de los recursos para decir lo que quiero decir, puedo, al menos en principio, enriquecer el lenguaje introduciendo en él nuevos términos u otros recursos. (1994, p. 29)

En la sección resaltada en la última cita, aunado a lo investigado en nuestro estado del arte, se nos brinda la esencia de la génesis de neologismos y la utilidad que estos representan al tener una falta de vocablos que ayuden a satisfacer nuestras necesidades comunicativas.

Searle Aplicado en la Red: el Factor de Identificación

Pasemos a la actualidad cibernética, y cómo se ve afectada por esta conjunción de intencionalidades que, por cierto, ahora pueden esconderse detrás del anonimato. Claramente, este no es un escrito sobre psicología, pero es necesario hacer énfasis en que las intenciones pueden mostrarse con mayor libertad (y efusividad) al no tener que temer la consecuencia de emitirlas en público.

Poco a poco, empezamos a encontrar individuos que comparten ciertas ideologías con nosotros, y vamos haciendo pequeños grupos sociales donde la interacción es o muy superficial, o incluso más profunda de lo que podría serlo una donde el contacto suele ser cara a cara.

Así, podemos hablar de un factor de identificación personal que va a propiciar el que estas comunidades vayan generando su propio lenguaje; lo que a su vez propicia que haya una identificación de éste.

Esto es posible porque conocen el contexto de las palabras que están usando, ya que son utilizadas por su comunidad y están acostumbrados a leerlas y escucharlas. Mas, alguien externo a este grupo cibersocial podría usar el vocablo para una oración, y no haber captado el mismo mensaje que la comunidad antes mencionada.

Tomemos, por ejemplo, la palabra roto. Para una persona no adentrada en la comunidad gamerhispanohablante de los últimos diez años, se trata de una persona andrajosa; pero, para alguien familiarizado con este grupo, se refiere a cuando el personaje de algún videojuego se encuentra desequilibrado en comparación con otros personajes de manera tal que resulta absurdamente poderoso.

En sí, es un proceso parecido al que realizan aquellos que se especializan en un campo que requiere del uso de ciertos tecnicismos aplicables sólo a su oficio o profesión. Quizá el ejemplo más claro de esto sea la medicina, donde, aquellos que no hemos estudiado al respecto (incluso sabiendo de etimologías) nos vemos forzados a escuchar en silencio cómo los médicos discuten entre ellos los tratamientos que son recomendables para nosotros, sin entender ni pizca de lo que están hablando.

Pero, así como día a día se van formando enfermedades nuevas que requieren de nueva terminología, también así se van generando necesidades de expresión en las redes cibernéticas. Tiktoker, poser,shitposting; son algunos vocablos que no tendrían razón de ser si no fuese por estas plataformas informáticas, y que sólo pueden ser entendidas en un contexto de quienes están familiarizados con éstas.

Ahora bien, adentrándonos en el núcleo de esta investigación, en una actualidad en la que diariamente se están abriendo blogs, creando canales de YouTube, y donde los resultados de búsqueda de cosas tan simples como la palabra “agua” ascienden a millones, resulta lógico, casi por sentido común, que la creación de nuevos vocablos tenga un incremento considerable; casi que exponencial.

Después de todo, algo inherente a la existencia del internet es la globalización, y, cuando los idiomas se hallan en constante estado de fricción, se dan estos préstamos lingüísticos de los que ya hemos hablado anteriormente.

Pasa como cuando le regalan a uno una libreta y se dedica a decorarla con su propio estilo: el nuevo vocablo será ajustado a las necesidades sintácticas (a veces más nacionalistas que prácticas) que le exija la fonética de la pronunciación del lugar que llega a habitar.

Así, nos damos cuenta de que la generación de neologismos en esta época a la que han llamado postcontemporánea tiene matices que no se veían hace cuarenta años, y que no se puede hablar de un solo denominador al referirse a los factores que componen este cambio. Se trata de una revolución lingüística, sí, pero que se ve inevitablemente complementada por otras revoluciones de carácter social.

La frase “somos lo que comunicamos” nunca había tenido tanta valía como en la época actual, donde el rostro es apenas un par de letras que simbolizan nuestro nombre (si no es que un alias), y lo que la gente advierte suele ser poco más que lo que decimos.

RESULTADOS

 

NEOLOGISMOS DERIVADOS DEL INTERNET
# Página de Referencia Cantidad de Neologismos Derivados del Internet ¿El listado abarca todos los términos relacionados con internet de la página / libro? Año a partir del cual la página ha estado en funcionamiento Idioma de la página La página / libro es de carácter: Imagen de la página
1 Urban Dictionary 140 No 1999 Inglés Diccionario electrónico de edición pública
2 NetLingo 6 898 1995 Inglés Diccionario electrónico de edición pública
3 Diccionario de términos de internet 181 2001 Español Diccionario en paper.
4 Tech Terms 291 2005 Inglés Diccionario electrónico abierto a sugerencias
5 A Dictionary of the Internet Ed. 2 4 036 2009 Inglés Diccionario electrónico
6 La web del programador 3 003 2000 Español Diccionario electrónico de edición pública
7 SOLUTESCA 629 2009 Español Diccionario electrónico
8 Glosarium.com 1 611 1995 Español Diccionario electrónico
9 A Dictionary of Computer Science 7 ed. 6 511 2016 Inglés Diccionario electrónico
10 InformáticaModerna.com 117 2008 Español Diccionario electrónico

 

DISCUSIÓN DE RESULTADOS

Al visitar las páginas del cuadro anterior, podemos darnos cuenta, al menos, de dos cosas:

En primer lugar, dependiendo de qué tan vieja sea la página y cuándo fue su última actualización, podemos notar un enorme margen de diferencia en cuanto a la cantidad de neologismos relacionados con el internet. Esto nos confirma, a todas luces, que en efecto ha habido un aumento considerable de neologismos ligados a la informática.

En una segunda instancia, dándole una leída superficial a cualquiera de estas páginas, nos damos cuenta de que la gran mayoría de mecanismos tienen un origen inglés. Como ya habíamos mencionado anteriormente, esto tiene que ver con el factor de globalización que no ha hecho sino acentuarse en los últimos años con el desarrollo de las tecnologías informáticas.

Decíamos, también, que en el centro de esta globalización podíamos encontrar a Estados Unidos por ser la obra intelectual de muchos de estos dispositivos de hardware y software.

Como tal, podríamos decir que esa es la gran característica, a rasgos generales, que comparten la gran mayoría de vocablos de estos listados: provenir del inglés.

En el español, la cantidad de neologismos informales (no aceptados por la academia) no han hecho sino multiplicarse y diversificarse; simplemente, porque el hablante puede optar por mantener la pronunciación y escritura original, o decidirse por hispanizarle, adaptando su sintaxis y fonética al idioma propio.

Por otro lado, podemos distinguir dos clases de neologismos dentro de esta vertiente angloparlante: los creados por comunidades informáticas y los que se inclinan por la parte más técnica (referentes a software,hardware y programación).

Esto cumple con la satisfacción de dos necesidades: una por nombrar nuevas piezas de tecnología y los verbos derivados de sus procesos, y otra con el factor de identificación que mencionábamos en el marco teórico de este documento; tanto el personal como el de mecanismos (Searle, 1994, p. 93).

En Urban Dictionary, por ejemplo, hay más ejemplos de este último punto, y tiene mucho que ver con que sea un diccionario de edición pública. Es mucho complicado que una sola persona tenga un mayor conocimiento léxico que un grupo de personas.

Esto no necesariamente le hace inculta; puede simplemente significar que no frecuentan los mismos círculos y, por lo mismo, no tenían manera de acceder a los mecanismos empleados por estas otras personas.

Sin embargo, este tipo de diccionarios electrónicos también pueden suponer un problema a la hora de buscar una definición seria o precisa. Dado que el único requerimiento es tener una cuenta, y por tanto cualquiera puede subir contenido a estas páginas, es difícil tomarles como información fidedigna. Incluso si yacen supervisados por reguladores calificados, éstos no pueden estar revisando todos los portales todo el tiempo. Hablamos, pues, de un margen de error.

Asimismo, muchos de estos neologismos son mecanismos simbólicos (Searle, 2004, p. 19). Esto per se no constituye un error; no obstante, se corre el peligro de utilizar una palabra con una connotación que nos resulta desconocida, lo cual hace que incrementen los conflictos por malentendidos. Sería aquí donde entraría esa intencionalidad a la que alude Searle (1994, p. 102) en sus escritos.

La cuestión con las plataformas informáticas es que no les es aplicable el dicho popular de “a las palabras se las lleva el viento”. Por el contrario, una vez se ha subido en la red es sumamente difícil eliminarle; en parte, debido a que tiene que pasar por diversas codificaciones, e incluso entonces queda un rastro. Pero, quizá el factor más importante de todos es el alcance que ha tenido la publicación.

Después de la globalización, resulta casi ridícula la cantidad de gente que puede tener acceso a nuestra información; y eso que sólo conocemos a aquellos que están permisionados por nosotros. Así, el mensaje que transmitimos puede ser uno al ser emitido, y haberse tergiversado de manera descomunal después de un par de reinterpretaciones.

Lo mismo pasa con los neologismos que son, a su vez, mecanismos simbólicos; o con los que no lo eran y terminan siéndolo al adoptarles. Quizá sería precipitado afirmar que, una vez una palabra se convierte en un mecanismo simbólico, no regresa a su estado anterior. Mas, pareciera que la historia le da la razón a este argumento.

Por ejemplo, hace más de un siglo, hablar de una esvástica era hablar de un símbolo religioso. Hoy, nos recuerda los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Aunque, estrictamente hablando, la esvástica es un símbolo (no profundicemos en cuestiones de semiótica), sigue teniendo una palabra que le nombra: esvástica. Es por ello que le podemos tomar en cuenta como mecanismo simbólico.

Regresando brevemente a los diccionarios electrónicos, es necesario mencionar que no todos tienen un listado de categorías para las definiciones que contienen; o, si lo hacen, a menudo están incompletas (a menos que se trate de un diccionario especializado, como fue el caso de la gran mayoría de ejemplos expuestos en el cuadro anterior).

Pero hablemos de diccionarios más serios y reconocidos, como el de la Real Academia Española. Si visitamos el portal, nos daremos cuenta de que cuenta con una cantidad impresionante de definiciones.

Evidentemente, es un requisito imprescindible al tratarse de la institución encargada de regular el lenguaje aceptado por los académicos. Y, si bien es cierto que durante su consulta una buena parte de los archivos del portal se hallaban en mantenimiento, lo cierto es que no cuenta con categorías delimitadas como si lo hace, por ejemplo, el Urban Dictionary.

Esto no desvirtúa realmente a la institución de habla hispana; sin embargo, nos ayuda a entrever cómo el lenguaje es un mecanismo demasiado complejo como para ser regulado por un grupo de académicos.

Además, nos habla del espacio de mejora que tiene la tecnología para propiciar un mejor buscador que permita acceder a determinados grupos lingüísticos con base en características más específicas que su sintaxis.

Así, podemos comprobar que el lenguaje yace en constante evolución, de la misma manera que su hablante. Comprobamos, también, que el lenguaje ha sufrido un aumento de neologismos causado por el desarrollo vertiginoso de la tecnología, y, por tanto, de la globalización.

CONCLUSIONES

A manera de respuesta a los objetivos planteados al inicio de este escrito, podeos concluir que:

  1. a) El origen de los neologismos se da a partir de, esencialmente, dos elementos: el de identificación (hablando del factor de reconocimiento personal en características de una comunidad ajena) y el de la creación de nuevas tecnologías que requieren de un nombre; así como sus derivados.
  2. b) La aparición del internet y el desarrollo tecnológico han significado un aumento vertiginoso en el acervo léxico debido a que ese mismo desarrollo también ha ido evolucionando a una velocidad precipitada, y se requiere de nuevas palabras para definir o designar estos elementos.
  3. c) La razón del surgimiento de un neologismo es su intencionalidad, dentro de la cual se halla inscrito un potencial de convertirle en mecanismo simbólico.

En cuanto a nuestra hipótesis inicial, podemos decir que se cumplió, ya que hemos constatado que la gran mayoría de neologismos informáticos tienen un origen homólogo ligado al desarrollo tecnológico, así como a los fenómenos sociales informáticos.

Los neologismos son un objeto de estudio que yace en constante evolución y, por si fuera poco, está lleno de subjetividades al tener múltiples connotaciones según la comunidad que les emplee. Por tanto, a futuro pueden hacerse múltiples análisis más específicos que el aquí presentado, pues el lenguaje es tan vasto y de una riqueza tal que se le puede analizar desde múltiples perspectivas, y de acuerdo a las necesidades de su hablante.

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