Este es un trabajo de Lucía García realizado para la materia Cartografías de la Comunicación III de la Carrera de Comunicación de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México (Verano 2025, Dr. Eduardo Portas)
Sumario
Este trabajo da a conocer el oficio de la herrería en la Ciudad de México como una práctica viva, que funciona a través de saberes corporales, técnicos, emocionales y simbólicos. A partir de una entrevista con Rigoberto Cano Garibaldi, herrero con 20 años de experiencia, se conocen los procesos de aprendizajes que tiene un herrero, la relación con los materiales, los retos económicos actuales, la creatividad que deben tener y la forma en que este oficio construye una identidad y una forma de resistencia en la ciudad contemporánea. El trabajo revaloriza los saberes tradicionales, desde una perspectiva comunicacional y cultural.
Introducción
En medio de una ciudad que constantemente se transforma, ciertos saberes sobreviven desde los márgenes. Son silenciosos, invisibles para muchos, pero fundamentales para sostener la vida cotidiana. La herrería es uno de esos oficios, un arte que combina la fuerza, la técnica y la sensibilidad, y que ha sido transmitido durante generaciones sin la mediación de escuelas ni manuales, sino desde el cuerpo y la experiencia.
Este trabajo nace del interés por entender cómo los oficios artesanales sobreviven a pesar de la modernidad tecnológica y del olvido institucional. Mediante la entrevista con Rigoberto Cano, busco documentar y reflexionar sobre la riqueza del saber herrero como una forma de conocimiento, una narrativa del trabajo manual y un acto de resistencia simbólica en una sociedad que privilegia lo digital por encima de lo hecho a mano.
Preguntas de Investigación
●¿Cómo se construye la identidad de un herrero a través de su oficio artesanal?
●¿Qué saberes corporales, emocionales y técnicos implica el trabajo del herrero?
●¿Cómo se transmite el conocimiento entre generaciones dentro del gremio de la herrería?
●¿Qué lugar ocupa el herrero en la narrativa urbana y cultural actual?
Objetivos de Investigación
●Comprender cómo se vive y experimenta el trabajo del herrero desde su propia voz.
●Identificar los saberes materiales y simbólicos que conforman el oficio.
●Visibilizar las formas de transmisión del conocimiento artesanal.
Justificación de la Investigación
Elegí entrevistar a un herrero porque me interesa entender cómo los oficios tradicionales sobreviven en un mundo marcado por la automatización, la digitalización y la pérdida de valor del trabajo manual. Me parece fundamental visibilizar el conocimiento que existe en las manos y los cuerpos de quienes trabajan con materiales nobles como el hierro, así como comprender cómo este oficio, frecuentemente invisibilizado, sostiene partes importantes de la ciudad, de la seguridad, de la estética y de las historias cotidianas. A través de la entrevista y el análisis, quiero entender cómo el oficio del herrero es también una forma de resistencia, de identidad y de transmisión cultural. Este proyecto se enfoca en la necesidad urgente de documentar saberes en riesgo de desaparición, reconociendo su valor cultural, económico y humano.
Metodología
●Revisión documental de estudios sobre trabajo artesanal, saberes técnicos y oficios urbanos.
●Entrevista a profundidad videograbada con un herrero en activo.
●Observación participante y toma de registro audiovisual durante el trabajo en el taller.
●Análisis cualitativo temático de los datos recogidos.
Hipótesis
El trabajo del herrero representa un saber encarnado que ha sido históricamente invisibilizado, pero que constituye una forma de memoria y resistencia cultural en medio de la transformación tecnológica y urbana. Este saber no sólo conserva técnicas ancestrales, sino que reinventa constantemente su relevancia frente a nuevos desafíos sociales y urbanos. Con este trabajo quiero lograr entender y dar a conocer el esfuerzo e historia que hay detrás.
Productos a entregar
●Reporte escrito completo.
●Video de 5 a 7 minutos con la entrevista editada.
●Registro fotográfico del espacio de trabajo y piezas creadas.
Resultados Esperados
●Conocer más a fondo el oficio del herrero desde su propia experiencia.
●Obtener materiales audiovisuales y testimoniales que reflejen el valor de su trabajo.
Resultados Deseados
●Revalorizar social y culturalmente el oficio del herrero.
●Generar conciencia sobre la riqueza de los oficios que han sido marginados por el discurso de la modernidad.
●Inspirar a otros proyectos que documenten saberes manuales.
Estado del Arte: La herrería como oficio artesanal y patrimonio vivo en la Ciudad de México
Oficios y saberes tradicionales: la herrería como herencia viva
La herrería es uno de los oficios más antiguos de la humanidad. En el contexto mexicano, forma parte de los saberes tradicionales transmitidos de generación en generación, muchas veces por práctica. Estos saberes constituyen lo que Donna Haraway (1988) denomina conocimiento situado: formas de conocer y actuar que emergen desde la experiencia corporal y el entorno. En sus palabras, “toda visión es una visión desde algún lugar corporizado” (p. 581), y es desde ahí que se forjan los saberes del herrero.
Este oficio no solo transmite habilidades técnicas, sino también memorias, vínculos afectivos y un tipo de racionalidad diferente. González (2007) argumenta que “los oficios tradicionales operan como formas de resistencia cultural frente a la estandarización técnica de la modernidad” (p. 112). Según ella, el taller del herrero es un archivo de gestos, tiempos y objetos que crean sentido más allá de la función utilitaria. Añade que “la práctica artesanal permite leer el mundo desde una racionalidad diferente a la instrumental” (p. 93), revelando una ética del hacer que escapa a la lógica productivista.
El cuerpo como herramienta: gesto, repetición y memoria muscular
En su estudio sobre la artesanía, Richard Sennett (2008) sostiene que el conocimiento técnico no se reduce a un saber mental, sino que se manifiesta “en el modo en que la mano explora, corrige, repite y se adapta” (p. 41). La práctica constante afina los movimientos hasta convertirlos en memoria muscular. En este proceso, el cuerpo del herrero se transforma en una tecnología viva. Haciendo las cosas sin necesidad de pensar dos veces, sin tener que preguntar cómo se hacen; se convierten en movimientos automáticos, como el respirar.
Tim Ingold (2013) también cuestiona el dualismo mente-cuerpo en la producción artesanal. Para él, “hacer es pensar, y el pensamiento ocurre en el movimiento” (p. 6). El diseño de una pieza no precede al hacer, sino que surge en el proceso mismo de trabajar el metal. Esta perspectiva coincide con la noción de “conocimiento tácito” propuesta por Polanyi (1966), quien plantea que gran parte del saber humano “se manifiesta en la acción, sin ser formulado explícitamente” (p. 4).
Así, la herrería no solo involucra técnicas visibles, sino también aprendizajes encarnados que se adquieren con años de observación, repetición, error, ajuste e intento hasta que uno logre hacer las cosas bien. Este tipo de saber raramente se puede transmitir por manuales o tutoriales: requiere la presencia del cuerpo, del maestro y las ganas de aprender, ya que es un trabajo complicado y cansado, al cual uno debe tener la disciplina y ganas suficientes para aprender.
La técnica como saber relacional: herramientas, entorno y materialidad Simondon (1958) propone que la técnica no debe entenderse como una acumulación de funciones, sino como una forma de individuación: cada objeto técnico condensa una historia de invención y adaptación. En este sentido, las herramientas del herrero: el esmeril, el taladro y la planta de soldar, entre todos los demás instrumentos que utilizan, son extensiones de su cuerpo y memoria. Como sostiene, “el objeto técnico es un ser en devenir, portador de transformaciones” (p. 27).
Desde otra óptica, Latour (2005), a través de su teoría del actor-red, plantea que los objetos no son pasivos, participan en la acción social. En el taller del herrero, el calor, el sonido y la resistencia del metal condicionan las decisiones y movimientos. Para Latour, “los no-humanos actúan en red con los humanos, modelando los resultados” (p. 72).
Así, la técnica del herrero es relacional, no se limita a dominar herramientas, sino a interactuar con un entorno vivo que responde, resiste o coopera.
El oficio como narrativa: comunicación, memoria e identidad
El trabajo del herrero también es una práctica narrativa. Cada objeto producido lleva una historia de quién lo hizo, para quién, con qué intención, los herreros no solo hacen cosas por hacerlas, lo hacen porque tienen una razón detrás para hacerlo. La antropología del trabajo ha mostrado que los oficios tradicionales son vehículos de memoria social. Candau (2002) explica que “la memoria corporal es una forma privilegiada de transmisión cultural” (p. 56), en tanto que encarna gestos, tiempos y técnicas.
Además, el taller es un espacio comunicativo donde no todo se dice con palabras. Schechner (2002) describe estas dinámicas son acciones que comunican roles, conocimientos y emociones. Según él, “todo hacer artesanal implica una puesta en escena del saber” (p. 128), en la cual el cuerpo enseña, corrige y transmite.
La identidad del herrero, por tanto, no es solo técnica, sino también social y simbólica, se construye entre lo que sabe hacer, lo que representa y lo que su comunidad reconoce en su trabajo.
Patrimonio cultural inmaterial y oficios en riesgo
La herrería ha sido reconocida por la UNESCO (2003) como parte del patrimonio cultural inmaterial, entendiendo que “el patrimonio vivo incluye prácticas, representaciones y saberes que las comunidades reconocen como parte de su herencia” (p. 2). En México, instituciones como el INAH y la Secretaría de Cultura han impulsado esfuerzos para registrar estos oficios, aunque muchas veces desde una lógica que puede cristalizar prácticas vivas (Barriendos, 2010, p. 93).
Este reconocimiento llega en un contexto de amenaza, la herrería enfrenta el desinterés de las nuevas generaciones, la falta de políticas públicas y la competencia de productos industrializados. Como afirma Bourdieu (1984), “los oficios manuales están socialmente desvalorizados en comparación con las profesiones legitimadas académicamente” (p. 319). Revalorar el trabajo del herrero es también una apuesta ética y política por formas de conocimiento históricamente marginadas.
El herrero en el espacio urbano y rural
El lugar que ocupa el herrero en la ciudad o en el campo varía, pero en ambos contextos su función es estructural. En zonas rurales, es un actor clave de la vida cotidiana; en la ciudad, habita los márgenes. Michel de Certeau (1990) sugiere que las prácticas cotidianas como caminar, trabajar y construir, “escriben el espacio urbano con gestos silenciosos” (p. 97). El taller del herrero es una de esas escrituras, una marca física y simbólica que transforma el entorno.
El espacio del taller es también un nodo social, un punto de encuentro donde circulan saberes, clientes y memorias. Su presencia en el barrio es un anclaje de continuidad frente al cambio urbano.
Nuevas lecturas desde la comunicación y los estudios culturales
Desde la comunicación y los estudios culturales, autores como Martín-Barbero (1987) y García Canclini (1995) han propuesto alejarse de los medios para estudiar las mediaciones: las prácticas, cuerpos y procesos que dan sentido a la vida social. En este marco, la herrería puede entenderse como una práctica comunicativa, ya que produce objetos, pero también narrativas, afectos y formas de pertenencia.
En contextos de crisis ecológica y tecnológica, los oficios tradicionales ofrecen pistas hacia formas de vida más sostenibles. Como concluye Sennett (2008), “la artesanía nos recuerda que otra relación con los objetos y con el tiempo es posible” (p. 290).
Marco Teórico
Datos biográficos del autor
Jean Lave (n. 1939) es una antropóloga social estadounidense, reconocida por su trabajo en torno a la teoría del aprendizaje situado y las comunidades de práctica. Su enfoque ha sido clave para entender cómo los aprendizajes ocurren fuera del aula, en contextos sociales reales, especialmente en oficios y saberes transmitidos en comunidad. Su colaboración con Etienne Wenger consolidó el concepto de comunidades de práctica, esencial para interpretar la transmisión intergeneracional del oficio de la herrería.
Principales conceptos teóricos

Relación con el objeto de estudio
La práctica de la herrería en la Ciudad de México, como se observa en la entrevista, responde a una lógica de aprendizaje situado. El saber no se enseña desde libros, sino mediante la experiencia cotidiana en el taller, en la repetición de movimientos, en la observación, la práctica constante y en las ganas de seguir aprendiendo. Así, la adquisición del conocimiento técnico y simbólico ocurre en el mismo espacio donde se reproduce la cultura del oficio.
A su vez, la transmisión de estos saberes entre generaciones responde a la lógica de comunidades de práctica. El taller del herrero no es sólo un lugar físico, sino una red de relaciones donde se negocia la pertenencia, se construye identidad y se da sentido al trabajo artesanal. Esta comunidad no se limita a la familia, sino que puede extenderse a aprendices, colegas y clientes habituales que forman parte de ese mundo compartido.
Finalmente, entender la herrería como patrimonio cultural vivo permite vincular la dimensión técnica con la simbólica. La producción de rejas, portones o piezas decorativas no es solo funcional, en muchos casos tiene un significado estético, histórico y social para la comunidad. Reconocer esto es esencial para diseñar políticas públicas que protejan y visibilicen estos oficios.
Resultados
Entrevista realizada a: Rigoberto Cano Garibaldi
Fecha y lugar: 21 de junio en la Ciudad de México


Interpretación de resultados
La entrevista que realicé con Rigoberto Cano Garibaldi, herrero con más de 20 años de experiencia, me permitió entrar en un mundo que, aunque forma parte del paisaje urbano cotidiano, suele pasar desapercibido. Escuchar su historia no solo me ayudó a comprender mejor las técnicas y herramientas del oficio, sino también a captar todo lo que hay detrás de una práctica como la herrería: esfuerzo, creatividad, memoria, relaciones humanas y, sobre todo, una manera de habitar el mundo desde el hacer.
Uno de los primeros temas que surgió fue cómo se aprende a ser herrero. Rigoberto no estudió en una escuela ni tomó cursos técnicos. Aprendió “siguiendo a otros maestros”, como él mismo dijo, en un entorno donde observar, imitar y repetir eran la clave. Esto conecta directamente con lo que Jean Lave y Etienne Wenger (1991) llaman “aprendizaje situado”, una forma de adquirir conocimiento en contextos reales de práctica. En su caso, no fue solo aprender a cortar o soldar, sino aprender a mirar, a escuchar, a saber cuándo intervenir y cuándo esperar. Fue un proceso largo, intuitivo y corporal, donde el cuerpo se vuelve herramienta, como plantea Sennett (2008) al hablar del trabajo artesanal.
Otro punto que me llamó la atención fue cómo se forma la identidad del herrero. Para Rigoberto, no cualquiera puede llamarse así. Lo dice con respeto, pero también con firmeza: hay quienes apenas saben puntear y ya se asumen como herreros. Esta diferencia entre saber y dominar no es menor. Muestra una tensión muy presente en los oficios manuales entre quienes ejercen con experiencia y quienes improvisan. Esta situación se vincula con lo que Pierre Bourdieu (1984) señala sobre la desvalorización simbólica del trabajo manual: aunque estos oficios requieren años de práctica y conocimiento profundo, suelen ser vistos como menores en comparación con las profesiones “intelectuales”. Esa falta de reconocimiento, según Rigoberto, es uno de los principales retos que enfrenta.
Sin embargo, algo que me sorprendió positivamente fue la dimensión creativa del oficio. Yo pensaba en la herrería como algo funcional: puertas, rejas, techos. Pero Rigoberto me habló de “artesanías”, de proyectos donde los clientes llegan con dibujos, con ideas, y donde él tiene que adaptar, proponer, transformar. Cada pieza es distinta, cada trabajo le exige pensar. Ahí entendí lo que Sennett (2008) plantea cuando dice que el artesano no repite, sino que dialoga con el material, que juzga, decide, imagina. En el caso de Rigoberto, la creatividad no es un lujo, es parte de la técnica misma.
Los retos económicos también salieron en la conversación, especialmente en relación con el precio de los materiales. Me dijo que muchas veces hace un presupuesto, y para cuando el cliente acepta, el costo del metal ya subió. Esto lo obliga a renegociar o incluso perder trabajos. Además, está el problema de la “competencia desleal”, como la llamó: personas sin experiencia que ofrecen trabajos baratos pero de mala calidad, afectando la imagen del oficio. Esta tensión entre valor simbólico y valor económico me hizo pensar en el concepto de “patrimonio cultural vivo” de la UNESCO (2003), que reconoce que hay saberes y prácticas que no solo deben preservarse, sino también protegerse en términos materiales. Si no se valora lo que cuesta el conocimiento encarnado, difícilmente se podrá sostener.
Finalmente, algo que apareció en segundo plano, pero que me pareció fundamental, fue la relación entre el taller y la comunidad. Rigoberto trabaja en un espacio abierto al barrio. Su taller no es solo lugar de producción, también es punto de encuentro. Los vecinos lo saludan, los clientes pasan a mirar, y hasta los niños se asoman para ver cómo trabaja. Desde la mirada de Michel de Certeau (1990), esto se puede leer como una forma de escribir la ciudad desde el hacer. La herrería, así entendida, no solo transforma el entorno físico, sino también el tejido social: crea vínculos, memoria, pertenencia.
En resumen, la entrevista con Rigoberto fue mucho más que una fuente de datos. Fue un encuentro humano, lleno de matices, donde el relato de su experiencia me permitió pensar el oficio de la herrería como un saber encarnado, situado, creativo y profundamente social. Me ayudó a ver que detrás de cada barandal o portón hay historia, técnica y cuerpo. Y sobre todo, me dejó claro que los oficios tradicionales no son “del pasado”, sino formas vivas de construir futuro desde el trabajo, la memoria y el compromiso.
Conclusión
Los objetivos de esta investigación se cumplieron. Pude comprender cómo se vive y transmite el oficio del herrero desde su propia voz, identificar los saberes técnicos, simbólicos y corporales que lo conforman, y visibilizar las formas de conocimiento que, aunque suelen quedar fuera del discurso académico, son fundamentales para sostener nuestras ciudades y nuestras comunidades. La entrevista con Rigoberto Cano Garibaldi reveló no solo las técnicas del oficio, sino también su dimensión humana, creativa y relacional. Este trabajo me permitió ver que la herrería no es solo un oficio del pasado, sino una práctica viva que resiste, se adapta y sigue forjando sentido en medio de un mundo que muchas veces olvida lo que se hace con las manos. Escuchar su historia fue también una forma de desafiar los imaginarios sobre el progreso y valorar los saberes que se construyen desde la experiencia, el cuerpo y el vínculo con los otros.
Referencias
Bourdieu, P. (1984). Distinction: A Social Critique of the Judgement of Taste. Harvard University Press.
Candau, J. (2002). Antropología de la memoria. Ediciones Nueva Visión.
De Certeau, M. (1990). La invención de lo cotidiano 1: Artes de hacer. Universidad Iberoamericana.
García Canclini, N. (1995). Consumidores y ciudadanos: Conflictos multiculturales de la globalización. Grijalbo.
Haraway, D. (1988). Situated Knowledges: The Science Question in Feminism and the Privilege of Partial Perspective. Feminist Studies, 14(3), 575–599. https://doi.org/10.2307/3178066
Ingold, T. (2013). Making: Anthropology, archaeology, art and architecture. Routledge.
Latour, B. (2005). Reassembling the Social: An Introduction to Actor-Network-Theory. Oxford University Press.
Lave, J., & Wenger, E. (1991). Situated Learning: Legitimate Peripheral Participation. Cambridge University Press.
Martín-Barbero, J. (1987). De los medios a las mediaciones: Comunicación, cultura y hegemonía. Gustavo Gili.
Polanyi, M. (1966). The Tacit Dimension. University of Chicago Press. Schechner, R. (2002). Performance Studies: An Introduction. Routledge. Sennett, R. (2008). The Craftsman. Yale University Press.
Simondon, G. (1958). Du mode d’existence des objets techniques. Aubier. UNESCO. (2003). Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. https://ich.unesco.org/es/convención
Wenger, E. (1998). Communities of Practice: Learning, Meaning, and Identity. Cambridge University Press.
Transcripción de la entrevista
Hola, soy Lucía García, estudiante de Comunicación en la Universidad Iberoamericana. Esta entrevista forma parte de un proyecto de investigación sobre los saberes de la técnica en el oficio de la herrería. El objetivo es conocer a profundidad cómo se vive, se transmite y se transforma este trabajo artesanal desde la mirada de quienes lo practican.
Lucía: Sí quieres empieza diciendo tu nombre, tu edad y tu lugar de nacimiento.
Rigo: Hola, mi nombre es Rigoberto Cano Garibaldi. Tengo 42 años, soy originario del estado de Hidalgo y me dedico a la herrería desde hace ya 20 años.
Lucía: ¿Cómo aprendiste el oficio de la herrería?
Rigo: La verdad, cuando llegué aquí a la ciudad empecé trabajando en una obra de construcción. Ahí aprendí albañilería, herrería, plomería, electricidad… siguiendo a otros maestros. Me gustaba mucho acercarme a ellos para aprender algo, pero lo que más me llamó la atención fue la herrería.
Lucía: ¿Por qué te decidiste por ese oficio en particular? ¿Te gustó más? ¿Sentiste que tenías más talento?
Rigo: Sí me gustó, pero también se me hizo un oficio más limpio. La albañilería es muy sucia, y la herrería me pareció más interesante. Por eso me decidí por ella.
Lucía: ¿Por qué consideras que este oficio sigue siendo importante hoy en día?
Rigo: Porque una puerta nunca va a dejar de ser una puerta, un barandal, un techo… Hoy en día se usa mucha herrería por ser más ligera. En vez de losas, se hacen techos de lámina, acero, estructuras más rápidas, seguras y con menos peso.
Lucía: ¿Qué herramientas consideras esenciales en tu trabajo y por qué?
Rigo: Un esmeril para cortar el metal, un taladro para perforar y la planta de soldar. Son básicas.
Lucía: ¿Consideras que son difíciles de usar?
Rigo: No es que no se puedan usar, pero sí hay que tener cuidado. Cuando contratamos a alguien, debe saber usar esas herramientas porque son peligrosas.
Lucía: Después de una jornada de trabajo, ¿cómo te sientes físicamente?
Rigo: Muy cansado la verdad, si es muy pesado, pero pues al final del día no podemos hacer mucho al respecto. A la larga te acostumbras.
Lucía: ¿Crees que tienes que ser creativo?
Rigo: Claro. Cada cliente tiene sus gustos. Tú puedes tener una idea de cómo hacer algo, pero el cliente te dice: “No, con florecitas acá, con figuras allá”… y tú tienes que adaptarlo. La herrería tiene muchos ramos. Si sabes usarla, puedes hacer artesanías: lámparas, camitas, colgadores para plantas… Puedes inventar muchas cosas.
Lucía: ¿Qué retos enfrentas para mantener tu oficio sostenible?
Rigo: El principal reto son los precios de los materiales. Hacemos un presupuesto con vigencia de 15 días porque el metal sube constantemente. A veces, cuando ya te dicen que sí, el precio ya subió y nos afecta. Muchos clientes no lo entienden y cancelan.
Lucía: ¿Qué encargos o proyectos te han marcado?
Rigo: Varios. Hicimos unos zaguanes en el centro de Coyoacán, quedaron muy bonitos con detalles como florecitas y leones. También hicimos un techo para un salón de eventos y la clienta estaba feliz porque ya tenía un lugar para reunirse con sus hijas. Esas cosas te dejan satisfecho.
Lucía: ¿Qué te gustaría que la gente supiera sobre tu trabajo?
Rigo: Que procuramos hacer bien las cosas para que el cliente nos recomiende. Pero muchos que apenas saben cortar o puntear ya se hacen llamar herreros y hacen trabajos mal hechos. Eso nos perjudica a los que llevamos años en esto. Para ser herrero, pintor, electricista… se necesita tiempo y experiencia, no solo saber usar una herramienta.
Lucía: ¿Qué significa para ti ser herrero?
Rigo: Significa ser un trabajador conocedor de materiales, de puertas, ventanas, barandales… Un herrero sabe los términos, sabe cómo se hace cada cosa. Es un oficio muy completo.
Lucía: ¿Y te gusta ser herrero?
Rigo: Me encanta ser herrero.
Lucía: Muchísimas gracias por compartir tu tiempo, tu historia y tu experiencia conmigo. Esta conversación enriquece mi proyecto y la forma en que entendemos y valoramos los oficios tradicionales. Espero que muchas personas puedan conocer más sobre tu labor y lo que representa.
Rigo: Gracias a ti.