Efectos de la Televisión en Niños

INFLUENCIA DE LOS CONTENIDOS VIOLENTOS DE LAS CARICATURAS EN EL COMPORTAMIENTO INFANTIL

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Daniela Castro Peimbert

Este es un trabajo realizado para la materia “Taller de Investigación Documental” de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. (Primavera 2015).

RESUMEN

El tema central de esta investigación es la influencia y los efectos que tienen las caricaturas con contenidos violentos en el comportamiento de los niños, hoy en día. El objetivo es conocer acerca de los riesgos, peligros e implicaciones que tiene la televisión en la conducta infantil y hasta qué punto pueden estos contenidos afectar no sólo su relación con las personas en la niñez sino a largo plazo.

Las preguntas sobre las que se va a desarrollar este ensayo son: ¿hasta qué punto cambian las caricaturas la conducta de un niño?, ¿qué tan vulnerable es un niño frente a un televisor?, ¿qué efectos a largo plazo podrían tener los contenidos violentos en las caricaturas?, ¿realmente las caricaturas cambian el comportamiento de un niño, o se necesitan más factores para desarrollar una conducta violenta? Esta investigación es una investigación documental que se basa en experimentos, investigaciones y teorías previamente realizadas acerca de éste tema. Se espera encontrar las respuestas y soluciones pertinentes a todas las preguntas para poder prevenir a tiempo (en caso de que efectivamente las caricaturas causen una alteración en el comportamiento infantil) los efectos a largo plazo que este problema pudiera generar en sus vidas.

INTRODUCCIÓN

Desde que la televisión comenzó a estar presente en nuestra vida de una manera permanente, ha habido un gran trabajo de investigación por parte de muchos expertos, psicólogos y sociólogos que se preguntan el por qué de la conducta agresiva de los niños y si ésta, está de alguna manera relacionada con la constante exposición a contenidos violentos en la televisión (caricaturas principalmente) por largos periodos de tiempo a la que los niños están acostumbrados.

Hay muchas características, situaciones y vivencias en la vida de un niño que podrían desatar una conducta agresiva y que se investigarán en esta investigación para saber con certeza  hasta qué punto influye la televisión en la conducta agresiva infantil.

El tema central de esta investigación son los efectos de la violencia televisiva en el comportamiento infantil, este tema es un problema actual y de mucha controversia hoy en día. La televisión tiene una fuerte implicación en la conducta de los niños y ha despertado en mí y muchos investigadores más, el interés por saber más acerca de éste fenómeno ya que representa también una forma de enseñanza comúnmente utilizada en muchos lugares del mundo.

En la actualidad la mayoría de los niños tienes acceso a una televisión en la cual la agresividad y la violencia constituyen una parte fundamental de la programación de la mayoría de los programas y caricaturas.

Este ensayo se enfoca en niños ya que los niños tienen una mente fácilmente influenciable y maleable que puede ir adquiriendo comportamientos e ideas negativos no aprendidos en el hogar o la escuela. Esos comportamientos no sólo son dañinos en su niñez, también podrían representar problemas a largo plazo, incluso tener repercusiones hasta la edad adulta. “Así́, algunos autores ponen de manifiesto que la cantidad de violencia televisiva vista durante la infancia (Huesmann, Moise-Titus & al., 2003) y la adolescencia (Johnson, Cohen & al., 2002) propicia conductas agresivas en el futuro. “ (Aran et al. 156)

En esta investigación se analizará junto con la investigación del psicólogo Albert Bandura quien desarrollo la teoría del Aprendizaje social estudiando niños y que dice que las conductas y comportamientos que adoptamos sobretodo en la niñez son aprendidas por figuras modelo en nuestra vida tales como nuestros papás, tíos, abuelos e incluso personajes de nuestras caricaturas favoritas.

Un niño no es suficientemente capaz  de distinguir algo que lo puede perjudicar o beneficiar y por lo tanto es más fácil que acepte y asocie todo lo que se le pone enfrente, como algo normal, cotidiano y correcto. Debido a la inocencia de los niños (y a que tienen una imaginación que aun se encuentra en desarrollo) los niños no siempre saben diferenciar la fantasía de la realidad y este es un aspecto que hay que tener muy presente pues todo lo que vean lo querrán imitar y que les parecerá real. Por eso cuando un niño está viendo la televisión aprende conductas, patrones de comportamiento y adquiere ideas que pueden influir nociva y negativamente en él.                                                                                   

Es un poco complejo sacar una conclusión definitiva de las razones por las cuales un niño es violento y si es por culpa de la televisión, ya que es necesario tomar en cuenta varios aspectos; como la cultura, personalidad, familia, nivel socio-económico, carácter, actitud, etc. de cada niño. Pero en este ensayo se enfocará en descubrir cómo interactúa y qué tan fuerte es el efecto de la televisión para cambiar el comportamiento de un niño; la pregunta de investigación central es la siguiente: ¿Qué tanto influyen las caricaturas, en el comportamiento agresivo/violento de los niños?.

ANTECEDENTES

Para empezar es importante tomar en cuenta que existen dos posturas en este tema. La primera dice que la exposición constante a contenidos violentos en la televisión sí tiene efectos negativos en los niños. La segunda dice que esto no siempre es así y que incluso en muchos casos, se necesitarían de más factores externos que junto con la violencia de los programas, hicieran que el niño se volviera más agresivo o violento. Hay que saber qué es la violencia para entender toda la controversia que gira alrededor de este comportamiento observado en la televisión.

“La violencia se puede definir generalmente como una acción intencional o accidental que causa daño físico o psicológico (como en el caso del abuso verbal) a uno mismo, a otra persona, animal, etc. La violencia en los dibujos animados es similar en el hecho de que el daño es causado a los personajes” (Blumberg et al. 101). El niño al ver esta violencia entre personajes, está aprendiendo a comportarse violentamente y a verlo como algo normal.

También es importante tomar en cuenta por qué se han hecho más estudios en niños acerca de la influencia de la televisión que en jóvenes y adultos. Los niños antes de los diez años son muy vulnerables e influenciables. Su vida depende del entorno que los rodea y aprenden a hablar, comportarse, etc. de lo que las personas a su alrededor les muestran. Los niños aprenden más de la televisión en sus primeros años de vida y esto es algo que las televisoras y creadores de programas saben perfectamente y usan a su favor para atraer la atención de los niños. Entre las edades de tres a ocho años, sería el momento en el que la televisión tiene la menor competencia con otros medios o el entorno del niño ya que casi todas las experiencias son nuevas para éste y por lo tanto son absorbidas con mayor facilidad. La televisión como sabemos tiene un enorme poder para absorber la atención de un niño pequeño. Después de que el niño comienza a ir a la escuela, la televisión tiene una mayor competencia por ganarse la atención y el interés de los niños. Pero en los años en los que el niño comienza a leer cuando su curiosidad todavía no tiene límites, cuando casi todo fuera de su casa y su pequeño círculo familiar es nuevo, es ahí cuando la televisión tiene una oportunidad única para contribuir con información nueva y que el niño no olvidará” (Schramm et al. 77). Por esta razón es que los medios de comunicación se enfocan en el mercado infantil para tener éxito en sus programas, productos, juguetes, etc.

Por otro lado, independientemente de lo que vea en la televisión, un niño de cinco años no va a cuestionar si lo que sus papás, abuelos o tíos hacen o si están bien o mal porque simplemente no tienen noción de lo bueno o lo malo. Un niño simplemente va a ver una acción o una conducta y la va a imitar porque una persona a la que idealiza se lo está mostrando. El grado en el que te televisión afecta a un niño depende en su gran mayoría de cómo el niño asocia lo que ve con lo que sabe y crea una relación entre estos dos. Es decir, la habilidad que el niño tiene para diferenciar entre la realidad y la ficción y lo que está bien o está mal. Pero esto es difícil ya que la mayoría de los niños no están consientes de lo bueno y lo malo ni de las consecuencias de cada uno de estos. “El entendimiento de los niños de lo que ven en la televisión también está influenciado por su capacidad de transferir conocimiento a partir de lo que ven en la televisión con lo que hacen en su vida diaria, que a su vez, depende en cierta medida en su capacidad para diferenciar entre la fantasía y la realidad” (Blumberg et al. 102).

Los niños ven a éstas personas como modelos a seguir. Modelos con el ejemplo de comportamiento perfecto e ideal. Aunque el entorno de un niño es reducido, lo que ve en la televisión, sobretodo sus caricaturas favoritas, tienen personajes con los que los niños se van a identificar, se van a reír y querrán imitar de igual manera que con la gente que los rodea. “El encuentro, entre el niño y el modelo, se denomina modelado. Los primeros modelos con los que se encuentra un niño se encuentran en su entorno más cercano. Pero el niño también se encuentra con modelos en un medio como la televisión, los cuales constituyen los denominados symbolic models” (García 101). Un niño va a querer ser como su personaje favorito si encuentra en éste un grado de empatía e identificación altos.

Si el niño ve que su personaje es agresivo, invencible, tramposo y que al pelear consigue todo lo que quiere, va a querer convertirse de la misma manera para ser igual de poderoso que el personaje de la caricatura. La clave está en que el niño encuentre en el personaje algo que le recuerde a él mismo o a su vida cotidiana o que simplemente se sienta identificado con el personaje.

Los niños aprenden de la televisión miles de comportamientos, palabras, conductas, formas de pensar, etc. La televisión es un medio de aprendizaje y enseñanza que puede tener efectos tanto negativos como positivos. Lo que sucede es que este aprendizaje es inconsciente pues no nos damos cuenta de que estamos adoptando ideas (como si ya fueran nuestras) y creyendo en ellas totalmente. La mayoría del aprendizaje que un niño adquiere de la televisión se le denomina aprendizaje incidental. “Esto significa que el aprendizaje tiene lugar cuando un espectador va a la televisión para entretenerse y almacena ciertos artículos de información sin buscarlos” (Schramm et al. 75). Ni siquiera nos damos cuenta cuando esto ocurre.

“Otro factor que forma parte del aprendizaje incidental u observado en la televisión es la cantidad de identificación con un personaje de televisión. No hay duda que el niño pueda almacenar más fácilmente comportamientos y creencias que, imaginariamente, ha compartido con el personaje con el que se identifica” (Schramm et al. 78). El problema con las caricaturas de hoy, es que utilizan la violencia como un medio para atraer a su público y mantenerlos con las ganas de querer seguir viendo el programa. La violencia genera en los niños sentimientos de emoción, adrenalina y suspenso que no quieren dejar de sentir y por lo tanto ver. El problema es que cuando el niño deja de ver la televisión, quiere traer esa sensación de emoción a la vida real y por eso imita los actos violentos que vio en el programa. “La visualización de la violencia en la televisión, generalmente despierta y estimula a los niños a comportarse violentamente” (Lemish 74).

El hecho de que un niño vea programas violentos, sí es un fuerte indicador de que pueda volverse violento y agresivo en su entrono. “La exposición extensa a programas de televisión que contengan violencia causa mayor agresividad en los niños. En ocasiones, el ver tan sólo un programa violento puede aumentar la agresividad. Los niños que ven espectáculos en los que la violencia es presentada de forma muy realista, repetida, o sin ser castigada, tienen mayor probabilidad de imitar lo que ven. El impacto de la violencia en la televisión puede reflejarse en la conducta del niño inmediatamente o manifestarse más tarde en su desarrollo.”  (Donas, “TELEVISION Y VIOLENCIA: SU IMPACTO SOBRE NIÑOS Y ADOLESCENTES”, en Binasss).

Sin embargo, a pesar de que el riesgo de la exposición a contenidos violentos es alta, hay muchos otros factores que también afectan de manera importante y tienen que ser tomados en cuenta antes de llegar a esa conclusión como por ejemplo: la cantidad de horas a las que el niño se expone diariamente al televisor, los programas que ve (y la frecuencia con la que los ve), los valores que aprende en su casa, etc. Pero sí es cierto que aunque el niño no se vuelva agresivo en todos los aspectos si tendrá una tendencia mayor a volverse violento y desafortunadamente podría desarrollarse hasta llegar a la edad adulta. “No siempre la violencia observada conlleva a la realización de un comportamiento agresivo. Sin embargo en algunos casos sí se da un incremento de la violencia y desgraciadamente con consecuencias bastante graves” (Vidal 9). Esta es la mayor preocupación actual, no tanto el hecho de que el niño pueda tornarse agresivo o violento por un periodo corto de tiempo, después de ver un programa, sino el hecho de que pueda tener efectos graves en el futuro de este niño. Los niños en sus primeros diez años definen gran parte de su carácter, valores, personalidad y gustos y aunque hay etapas como la adolescencia en las que pueden cambiar, generalmente lo que desde aprendemos desde pequeños se queda con nosotros el resto de nuestra vida. Es como una base o una raíz de la cual parte todo lo que sigue en adelante. Desafortunadamente se ha encontrado que efectivamente la exposición constante a contenidos violentos puede tener efectos negativos más adelante. “Así́, algunos autores ponen de manifiesto que la cantidad de violencia televisiva vista durante la infancia (Huesmann, Moise-Titus & al., 2003) y la adolescencia (Johnson, Cohen & al., 2002) propicia conductas agresivas en el futuro“ (Aran et al. 156). Los efectos negativos que tiene la violencia en un individuo afectan no sólo su conducta y comportamiento, pero también sus habilidades cognitivas, de razonamiento y su habilidad para socializar y mantener relaciones con las demás personas. Es por eso que este tema es de gran preocupación en la actualidad pues afecta muchos aspectos de la vida de un individuo que le impiden llevar una vida normal como cualquier otro en el futuro.

“Entre adultos y niños espectadores, los efectos negativos de varios años de exposición a la violencia incluyen la disminución de conductas pro-sociales (intrapersonales), aumento en excitación fisiológica (actividad cerebral acelerada) e intensos pensamientos, comportamientos y sentimientos agresivos.” (Ostrov et al. 2006)” (Blumberg et al. 102). También tiene efectos severos en la salud; la exposición frecuente a la televisión crea una dependencia y adicción que convierte a los humanos en seres sedentarios, con una enorme necesidad de mantenerse pegado al televisor. La televisión tiene la característica de crear angustia, ansiedad, nerviosismo, etc. que el espectador asocial con hambre y por eso tiene que estar comiendo algo, constantemente. Por eso no sólo crea problemas emocionales sino de salud y desde temprana edad como la obesidad infantil, un problema que si no es corregido a tiempo podría volverse crónico y ser casi imposible de controlar cuando el niño llega a la edad adulta. “De acuerdo con teorías muy aceptadas y estudiadas dentro del estudio de los efectos de los medios, el tiempo pasado frente a la televisión influencia el desarrollo emocional y cognitivo de los niños. (…) La parte negativa, es que los estudios han ligado ver televisión en exceso con poca actividad física y sobrepeso (Hancox 2004), desordenes de sueño (Feiss and Hoges 2000), e inmoralidad, agresión y problemas para relacionarte con otras personas (Lemish 2007; Vandewater et al. 2007)”  (Kruuse & Kalamus, When the villain remains unpunished: unintended effects of the social mediation of young children’s TV viewing en Psychology Today).

Existen investigaciones que contradicen a los estudios que acusan a la televisión de las conductas violentas que presentan los niños. Se piensa que la televisión puede aumentar la probabilidad de que un niño se haga violento o agresivo en la vida real si ve muchos programas con contenido agresivo, pero que se necesitan más factores (externos o internos como una predisposición genética) que desencadenen esta conducta. “Una de las razones por las cuales ver violencia no siempre provoca conductas hostiles es porque se necesitan una serie de circunstancias facilitadoras que ayuden a desencadenar la agresión del telespectador (Vidal 9). Estas circunstancias facilitadoras pueden ser agresión en el hogar por parte del padre, la madre o incluso los hermanos, violencia en la escuela, altos niveles de estrés en el niño o una predisposición genética, es decir que el niño nazca con una tendencia a ser violento heredado por sus padres. Se dice que si en los primeros años de vida de un niño, éste comienza a tener conductas violentas o negativas por causa de la televisión, podría ser debido a que el niño está confundido entre lo real y lo ficticio y por eso imita lo que ve, pero este aspecto no forzosamente va a hacer que el niño en el futuro sea una persona agresiva, violenta con desordenes emocionales y de salud ya que al alcanzar una etapa madura, el niño tendrá el criterio suficiente para diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal y entonces dejará de imitar lo que ve en la televisión. En pocas palabras se argumenta que si se llegase a dar un cambio de conducta en el niño, éste cambio será solamente temporal y es considerado totalmente normal debido a la poca madurez del niño. “Solo en los primeros años de la niñez existe una frontera confusa entre el mundo ficticio y el mundo real. Los eventos en una imagen, en la pantalla y los de la historia para dormir parecen para un niño tremendamente reales” (Schramm et al. 77). Por lo tanto, para generalizar que un niño o una persona es violenta debido a la televisión, deberían analizarse sus años pasados, su relación con sus seres queridos, amigos, maestros, etc., la calidad y frecuencia con la que veía caricaturas con contenidos violentos, etc. Esta postura dice que ninguna conducta, tanto positiva como negativa se debe totalmente a un solo factor, pues en la vida interactúan muchos de diferentes maneras y por más que uno predomine, todos tienen aunque sea un efecto en la conducta del individuo.

Independientemente de cuál de éstas dos posturas sea más acertada, en las dos se habla del hecho de que la televisión sí es un factor con una fuerte influencia en la conducta de los niños, que sí pude tener efectos negativos a largo plazo y durante el resto de la vida del niño. Desafortunadamente no podemos aislarnos completamente de los medios de comunicación ya que forman una parte crucial en la sociedad y el desarrollo de ésta. Como indica Cecilia Von Feilitzen: “Los medios de comunicación son en muchos aspectos requisitos previos para el debate publico y para el funcionamiento de la sociedad de hoy, y no siempre es posible diferenciar entre los medios de comunicación y la sociedad, porque la comunicación a través de los medios también significa la participación en la sociedad. Una participación que tiene su máximo sentido si se construye desde una educación mediática, particularmente audiovisual, que contempla a los espectadores infantiles como sujetos activos” (Aran et al. 163).

MARCO TEÓRICO

Para fundamentar el argumento de que los niños son fuertemente influenciados por el contenido violento de la televisión y, que este contenido es más tarde imitado por éstos, se tomará en cuenta la Teoría del aprendizaje social del psicólogo canadiense Albert Bandura que dice que el comportamiento se aprende a través de la observación. La mayoría de las investigaciones que tienen que ver con el tema de las caricaturas, el contenido violento y los niños, precisamente dicen que el niño al observar el comportamiento agresivo o violento, lo aprenden, lo relacionan como algo bueno o común y más tarde lo imitan y lo hacen parte de su comportamiento normal.

Albert Bandura es un psicólogo canadiense que se especifica en estudiar las conductas cognitivas. Actualmente es profesor en la universidad de Stanford y es reconocido primordialmente por su trabajo sobre La teoría del aprendizaje social. Bandura es reconocido como el más grande psicólogo actual y uno de los más influyentes de todos los tiempos” (Boeree, “Teorías de la personalidad”, en Psicología online).

El fundamento y base de esta teoría surgió por primera vez en 1963 cuando Bandura junto con Richard Walters publicaron su concepto de “aprendizaje social y desarrollo de la personalidad”. La intención de esta teoría era investigar a fondo las ideas que propusieron previamente los psicólogos Dollard John y Neal Miller que sugerían que el aprendizaje se basa en observación y refuerzo. Bandura construyó su teoría sobre el aprendizaje social en 1977 cuando propone su concepto de “auto eficacia” que  subraya la importancia de la confianza personal  en el aprendizaje. En 1986 se consolida su teoría al publicar los fundamentos sociales de pensamiento y acción pues éstos indican que los factores personales como procesos cognitivos y factores sociales que se manifiestan en el comportamiento y el entorno, configuran el aprendizaje de una persona” (Sin Autor, “Descripción, Historia, Consecuencias, Evidencias, otras teorías. Psicoanálisis” en Calaméo).

La teoría del aprendizaje social está principalmente basada en el conductismo, que estudia las conductas del comportamiento de las personas. Bandura se enfocó en demostrar que el entorno es el que causa nuestro comportamiento, pero más tarde al observar la agresión en adolescentes decidió investigar más para completar su teoría y sugirió que el ambiente causa el comportamiento pero que el comportamiento causa el ambiente también. A este concepto lo denominó determinismo recíproco, es decir que el mundo y el comportamiento de una persona se causan mutuamente. La teoría se basa principalmente en el experimento del muñeco “bobo” realizado con niños imitando conductas de comportamiento al observar cómo se trataba al muñeco “bobo”. Por este experimento Bandura estableció los pasos implícitos en el proceso de modelado (imitación por observación): Atención prestar atención al suceso, Retención  retener en la memoria lo que acabas de ver, Reproducción  recordar constantemente lo que vimos, Motivación  reproducimos lo mismo que vimos. En resumen la teoría del aprendizaje social dice que hacemos, copiamos e imitamos las conductas y comportamientos que vemos en la sociedad, pues los asociamos como socialmente aceptador o permitidos. Si unos lo hacen, todos pueden/deben hacerlo, porque está bien (Boeree, Teorías de la personalidad en Psicología online).

La teoría del aprendizaje social propuesta por Albert Bandura ayuda a explicar el comportamiento violento de los niños aprendido de la televisión porque dice que los comportamientos que adoptamos es porque los hemos visto previamente por personas que admiramos, conocemos o frecuentamos y más tarde asimilamos como correctos. “Desde el punto de vista de la teoría del aprendizaje social, el niño no está rodeado de personas sino de ejemplos” (García 101). Otro factor muy importante es que la mayoría de los experimentos e investigaciones que se han llevado a cabo para probar si el comportamiento social es verdaderamente aprendido, han sido llevados a cabo con niños, por esta razón podría traer resultados más exactos a esta investigación pues los niños y los adultos funcionan, aprenden y asimilan las cosas de diferente manera.     

La Teoría del aprendizaje social, no solamente sirve para explicar el efecto de la violencia televisiva en las conductas agresivas, sino que también arroja un poco de luz sobre otros tipos de efectos como los cambios en las actitudes, los efectos en la percepción de la realidad, etc. (García 101). Los niños sobretodo están constantemente expuestos a miles de contenidos a lo largo de sus días, en la calle, en la escuela, con la familia, etc. y esto los hace más vulnerables a ver una conducta, asimilarla como correcta y querer imitarla. Desafortunadamente los niños no saben diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal y pueden confundir una conducta violenta o agresivo como normal. “De acuerdo con la teoría del aprendizaje social, la agresión es una forma de conducta que, como la mayoría de las otras formas de conducta, es aprendida. La conducta social de un niño está significativamente determinada por la forma en que otros se comportan; es decir, un niño aprende observando” (García 101). El experimento que se realizó con el muñeco de hule “Bobo” para comprobar la teoría de Bandura, tuvo un efecto y resultado parecido al que se dice que provocan las caricaturas en la televisión. Se pusieron tres grupos de niños que veían a diferentes adultos tratando al muñeco de diferentes maneras, en un grupo el adulto le pegaba y lo insultaba, en otro lo trataba bien y el tercero era el grupo control que no vieron a ningún adulto interactuando con el muñeco previamente. Los resultados demostraron que los niños que vieron al adulto ofendiendo al muñeco también lo hicieron, lo golpearon, patearon y gritaron, los que vieron que lo trataron bien, sólo algunos le golpearon pero no tan fuerte y el grupo control sólo jugó con el muñeco.

Los resultados que más llamaron la atención fueron los del grupo de niños con el adulto agresivo porque realmente imitaron y hasta exageraron el comportamiento violento y agresivo del adulto.

Por este experimento se puede decir que los niños sintieron que si un adulto lo estaba haciendo (que es visto como una figura modelo para un niño) entonces está permitido o “no está mal” y por lo tanto deciden imitar ese comportamiento con el simple hecho de verlo.

INTERPRETACIÓN

La teoría del aprendizaje social se puede aplicar al objetivo de esta investigación ya que puede ayudar a entender por qué los niños al ver caricaturas adoptan las conductas de éstas. Posiblemente los niños vean a sus personajes favoritos como figuras ideales y entonces al igual que con su familia (padres, tíos, abuelos) que son sus modelos a seguir, los asocian con algo bueno y al que debería tener como ejemplo. Esta teoría también puede ayudar al objetivo de investigación para que entendamos el proceso de asimilación de los niños y su razonamiento acerca de cómo aprenden e imitan lo que ven.

Los niños hacen, dicen y ven lo mismo que tienen a su alrededor. Un niño necesita tener modelos y guías para tener una idea de cómo comportarse en la vida y ante la sociedad. Cuando un niño está en esa etapa en la que necesita definir su carácter, sus valores, su conducta, etc. busca a su alrededor patrones que le indiquen como comportarse para encajar en la sociedad en la que vive. Según el nivel sociocultural de análisis de la psicología, los humanos somos seres sociales con una necesidad innata de pertenecer. Nos gusta sentir que formamos parte de algo y que somos igual que un grupo de personas que comparten intereses, gustos y valores. Desde pequeños buscamos la manera de encajar en la sociedad en la que estamos y para lograrlo nos fijamos en las personas que nos rodean para adoptar sus hábitos y manera de ser. Los niños sobretodo de tres a ocho años están definiendo su carácter, su manera de ser y sus gustos. Independientemente de que al llegar a la adolescencia definirán su carácter y gustos definitivamente, el inicio de éste proceso se da en esta edad en la que son más vulnerables a cualquier cambio o situación que vean. Se podría definir al carácter de un niño pequeño como maleable, es decir, se puede cambiar, alterar e influenciar fácilmente.

Los índices de violencia y agresividad que presentan las generaciones de niños actualmente, son un problema reciente de no más de 20 años de antigüedad.

Las generaciones pasadas presentaban menores índices de agresividad pues no había un acceso tan fácil a contenidos violentos, pero en esta nueva era, con la introducción de la televisión, la computadora y los videojuegos se han detectado que los índices de violencia en niños son cada vez más altos y frecuentes. La teoría del aprendizaje social de Bandura está basada solamente en el comportamiento observacional o incidental, tomando en cuenta que el niño imita y se comporta como las figuras adultas que idealiza. A pesar de que no está enfocada en la violencia infantil por causa de la televisión, sucede algo parecido entre la relación del adulto y el niño con el personaje de la caricatura y el niño.

Las generaciones pasadas ya contaban con acceso a la televisión pero era limitado. Los niños de hoy prácticamente basan sus vidas en una pantalla y cada vez es más común ver que los niños tienen una relación mayor con los aparatos electrónicos que con las personas que los rodean, es por eso que en esta investigación se sustituyó el problema planteado por Bandura de tomar a un adulto como modelo por tomar al personaje o la caricatura completa como modelo de idealización y pauta de comportamiento.

Los programas infantiles y caricaturas que se han ido desarrollando y convirtiendo en un mercado muy importante para las televisoras contienen altos índices de violencia, agresividad y peleas entre los personajes y en las tramas de las historias, que le están transmitiendo a los niños. La violencia que los niños ven y reciben de la televisión es acumulativa y cada vez quieren más de ese estímulo para sentirse bien. Entre más pequeño es el niño y más tiempo dedica enfrente de un televisor, mayor será su dependencia a ésta y mayor será el nivel de violencia y agresividad que más tarde necesite y refleje en sus acciones su vida diaria. El problema no es solamente el índice de violencia sino la dependencia que desarrollan. Una dependencia de la que más tarde los niños no pueden salir y necesitan en todos sus días. Esto genera personas que a lo largo serán antisociales, con dificultades para formar relaciones y atados a una pantalla todo el día. “Se aprecia una vinculación entre el abuso del tiempo dedicado al visionado en edad temprana y la aparición de comportamientos reproductivos o imitativos de carácter antisocial. Además, parece necesario atender a la presencia de un entorno social poco estimulante, la frecuencia de respuestas de carácter antisocial en la familia o patologías latentes en el niño” (Enesco, I. y Sierra, P., 1994) (Tur Viñes et al., “Violencia y prosocialidad en los contenidos televisivos infantiles visionados por menores en Alicante” en Ehu).

La teoría del aprendizaje social de Bandura se basa en las figuras modelo que los niños tienen para marcar y definir su patrón de comportamiento y lo que está sucediendo en la actualidad es que esos modelos están siendo reemplazados por personajes ficticios y programas que no muestran la realidad como es. Un niño no sabe que agredir a alguien está mal y que sólo en una caricatura es posible ganar una batalla peleando sin lastimar al oponente. Un niño es ingenuo para distinguir que la ficción que ve en las caricaturas no puede ser imitada en la vida real, al igual que como en el experimento de la teoría de Bandura, los niños no van a cuestionar si el comportamiento agresivo del adulto hacia el muñeco “Bobo” es correcto o no; ellos simplemente van a imitar la pauta que su figura modelo (ideal) les está demostrando.

Al igual que un niño que admira a sus papás y aprende lo que en ese momento más le llama la atención del comportamiento que ve, la televisión se ha vuelto un modelo del cuál los niños van a sacar, copiar o imitar lo que en ese momento más necesiten o más fácil registren de lo que están viendo. Ya sea que se sienten identificados con es situación porque están viviendo una similar en la vida real o que simplemente llamó su atención por algo en particular. Como sea, como propone Bandura, el simple hecho de observar esta acción, hará que el niño lo imite o lo lleve a práctica hasta convertirlo en algo cotidiano y normal dentro de su vida diaria. “El aprendizaje incidental que un niño obtiene de la televisión, depende de su habilidad para aprender, sus necesidades en dicho momento y a lo que le presta atención” (Schramm et al. 76).

A pesar de que en la mayoría de los casos un niño menor de diez años aprende observando, es necesario tomar en cuenta la cantidad de tiempo que el niño pasa sentado frente a un televisor. En el experimento con niños que Bandura llevó a cabo para comprobar su teoría los adultos que maltrataban al muñeco “Bobo” lo hicieron repetidas veces. Una situación similar sucede con los niños, cuando un niño ve una conducta nueva, le llama la atención pero no va a ir directo a copiarla. Un niño necesita ser estimulado constante y repetidamente para que entonces asocie determinada acción como algo permitido y cotidiano y entonces vaya y lo imite. Hay niños que pasan todo el día frente a un televisor la mayor parte de su niñez y es por eso que como se menciona previamente, al llegar a la etapa adulta les es tan difícil dejar esos hábitos con lo que han vivido toda su vida. Por ejemplo, en el caso del modelismo que Bandura propone, si en una familia existe violencia verbal o física por parte de cualquiera de los padres, y esta violencia es frecuente, el niño va a actuar de igual manera no sólo hasta que sea adulto y forme su propia familia sino incluso en la escuela con sus compañeros y maestros porque es algo que aprendió al observar.

“El aprendizaje observacional constata que la televisión ejerce efectos en los niños porque éstos aprenden pautas negativas de comportamiento a través de mecanismos de observación y modelado (Bandura, A., Ross, D. y Ross, S.A., 1963). El conductismo explica los efectos de la televisión basándose en procesos de imitación de los contenidos (Lovaas, 1961; Walters & Willons, 1968)” (Tur Viñes et al. “Violencia y prosocialidad en los contenidos televisivos infantiles visionados por menores en Alicante” en Ehu). En efecto, como se menciona anteriormente la televisión va a marcar pautas de comportamiento en la conducta de los niños, pero es importante tomar en cuenta lo que los estudios previos de éste fenómeno sugieren: y es el hecho de tomar en cuenta no sólo la cantidad de televisión que un niño ve al día sino todo lo que está detrás de su vida. A pesar de que haya gente que afirme que con el simple hecho de ver caricaturas agresivas un niño cambiará su comportamiento, no podemos desechar la idea de que la vida de un niño y por ende su aprendizaje proviene de muchas fuentes distintas. Hay personas que por naturaleza son más agresivas que otras, personas que viven en lugares en donde la violencia es un medio de supervivencia o algo común como familias en las que existe incluso la violencia física.

A pesar de que la teoría de Bandura se ha comprobado varias veces a través de diferentes experimentos, es necesario tomar en cuenta todo lo que rodea al niño para concluir que su conducta violenta proviene de las caricaturas que ve. Los medios que utilizan las caricaturas para engañar a sus espectadores es el humor. Muchas caricaturas disfrazan la agresividad y violencia de una forma chistosa para que el niño se ría, le guste lo que ve y por lograr esa conexión de diversión entre lo que ve, los personajes y su vida propia, lo lleve a cabo en la vida real para tener esa sensación de diversión, de risa y de emoción. De cierta manera para los niños, disfrazar algo malo de algo bueno (o chistoso) es automáticamente algo divertido que puede pasar como no agresivo ni violento a primera vista. “Desde las primeras emisiones, los contenidos violentos han estado siempre presentes. Así́, los “Looney Tunes”, de Warner Brothers, de los años 30 (“Bugs Bunny”, “Piolín”, “Porky”, “El Pato Lucas”, “El gato Silvestre”, “El Coyote y Correcaminos”…) o el mítico “Mickey Mouse”, de Disney basan las escenas de humor en agresiones a otros o en acciones antisociales” (Tur Viñes et al., “Violencia y prosocialidad en los contenidos televisivos infantiles visionados por menores en Alicante” en Ehu). Una vez más la teoría de Bandura es ideal para comprender mejor el efecto de las caricaturas en los niños, pues él utilizó el mismo método en su experimento. El muñeco Bobo tenía una cara chistosa, era de hule y tenía muchos colores; cuando el adulto le pegaba éste se balanceaba de un lado al otro hasta volver a su forma original. Lo que los niños vieron es que al muñeco no le pasaba absolutamente nada, no se rompía, no lloraba (no hay sentimientos implicados) y por lo tanto era divertido pegarle y gritarle pues a parte de no causar ningún daño, el muñeco no se quejaba o emitía algún signo de dolor o sufrimiento. Lo mismo sucede en las caricaturas, a los personajes les ocurren todo tipo de cosas sobretodo cuando están peleado o agrediendo a otros personajes pero nunca les ocurre nada grave.  Es así como los creadores de personajes y de caricaturas se aprovechan para atrapar la atención de los niños, metiéndoles ideas que no siempre son las mejores disfrazándolas como algo “divertido”.

CONCLUSIONES

El objetivo de esta investigación era saber hasta qué punto las caricaturas actuales afectan al comportamiento de un niño y si verdaderamente los niños actuales son más agresivos debido al contenido violento al que se exponen en los programas y caricaturas infantiles. Efectivamente las caricaturas de hoy en día tienen muchas escenas (la mayoría) en las que los personajes interactúan de manera violenta entre sí. Dependiendo el programa, algunos tienen más agresión verbal y otros física pero de una u otra manera están empleando estas acciones para que el niño se mantenga de cierta manera intrigado e interesado en la historia para ver si su personaje favorito va a ganar la batalla o si lo hará el enemigo de éste. De esta manera el niño no querrá dejar de ver el programa.

Como muchas teorías dicen, los niños sí son influenciados por las caricaturas y sí es factible que cambien su comportamiento debido a estas ya que son muy pequeños y están en búsqueda de un patrón de comportamiento para generar una identidad. Además, como fue explicado a lo largo del ensayo, la mente de un niño menor de diez años es muy vulnerable y fácil de influenciar. Un niño ve su realidad y la de la caricatura como una misma y no se cuestiona si hay diferencias entre estas; el niño simplemente va a tomar del programa lo que más le guste o llame la atención en ese momento para más tarde aplicarlo en la vida real.

A pesar de que existen más teorías y varios experimentos a parte de la Teoría del aprendizaje social, que comprueban que los niños son fuertemente  influenciables por sus figuras modelo, no es posible decir que un niño es del todo violento por culpa de la televisión. Los niños no adoptan una conducta violenta solo por ver caricaturas agresivas en la TV, sino por diversas causas de su entorno, su cultura, su familia, sus costumbres y su alrededor. Lo que sí es cierto es que las caricaturas pueden desatar la conducta agresiva antes, pueden hacer que el niño sea más agresivo de lo que es, pueden generar dependencia hacia contenidos violentos de la cual cuando sean adultos ya no puedan escapar e incluso pueden hacer más propenso al niño a volverse una persona antisocial con problemas para formar y mantener relaciones a futuro.

Las consecuencias que éste problema podría traer socialmente es una generación de personas aceleradas y agresivas con una salud mental inestable, que puede llevar a violencia intrafamiliar por parte de ambos padres hacia sus hijos, generar traumas en éstos y en algunos casos extremos, podrían los niños desarrollar desordenes mentales y convertirse en delincuentes, asesinos, etc. porque la vida real no sería suficiente para saciar la necesidad que tienen de recibir un estímulo de adrenalina, emoción, de “vivir al límite” , en general, de experimentar emociones fuertes diariamente como las que se pueden observar primero en las caricaturas y más tarde en programas para adultos extremadamente violentos.

Las preguntas planteadas al principio de esta investigación quedaron contestadas ya que sí es verdad que lo que le muestres a un niño, lo va a imitar y que la influencia que se tiene sobre éste es mayor que la que se tiene en un adulto. Lo que aún necesita más experimentos e investigación es el área de la tecnología en la que ya no sólo está implícita la TV. sino también los videojuegos que supuestamente también generan adicción, dependencia y violencia. Debido a que es una nueva era no podemos concluir que las caricaturas y sus contenidos son totalmente culpables por la agresividad que un niño comience a desarrollar pero sí es un hecho que los niños son fuertemente influenciados por estos programas y que si ya tienen un comportamiento violento, éste se agudice con la cantidad de agresividad y tiempo que el niño recibe de estar sentado frente a un televisor.

LISTA DE REFERENCIAS DE TODOS LOS DOCUMENTOS CITADOS Y CONSULTADOS DURANTE ESTA INVESTIGACIÓN DOCUMENTAL

  • Aran-Ramspott, Sue. Rodrigo-Alsina, Miquel. “La noción de violencia en la ficción televisiva: la interpretación infantil.” Comunicar 40: Jóvenes interactivos (Vol. 20 – 2013), Sin Fecha. Web. Revisado el 24 de abril del 2015.
  • Blumberg, Fran C. Bierwirth, Kristen P. Schwartz, Allison J. “Does Cartoon Violence Beget Aggressive Behavior in Real Life? An Opposing View.” Springer Link, 2008. Web. Revisado el 29 de abril del 2015.
  • Boeree, George. “Teorías de la Personalidad.” Psicología Online, 2002. Web. Revisado el 11 de abril del 20                                                                           
  • Donas, Solum.“TELEVISION Y VIOLENCIA: SU IMPACTO SOBRE NIÑOS Y ADOLESCENTES.” Binasss, 1998. Web. Revisado el 30 de abril del 2015.
  • García Galera, Carmen. Televisión, Violencia e Infancia. Barcelona: Gedisa, 2000. Impreso.
  • Lemish, Dafna. Children and Television. US: Blackwell Publishing, 2007. Impreso.
  • Schramm, Wilbur. Lyle, Jack. Parker B., Edwin. Television in the lives of our Children. Estados Unidos de América: Stanford University Press, 1961. Impreso.
  • (Sin Autor.) “Descripción, Historia, Consecuencias, Evidencias, otras teorías. Psicoanálisis.” Calaméo, Sin Año. Web. Revisado el 11 de abril del 2015.
  • Tur  , Victoria. Grande Esteban, Ildefonso. “Violencia y prosocialidad en los contenidos televisivos infantiles visionados por menores en Alicante.” EHU, 2009. Web. Revisado el 28 abril del 2015.
  • Vidal, Miguel Ángel. Urra, Javier. Clemente, Miguel. Televisión: Impacto en la infancia. Madrid: Siglo Veintiuno de España Editores, 2000. Impreso.

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