Ayuda canina. La inclusión social de las personas con distintas discapacidades

ESTE ES UN REPORTAJE DE MAURICIO JIMÉNEZ Y TAMARA MORENO REALIZADO PARA LA MATERIA SEMINARIO DE PERIODISMO DE INVESTIGACIÓN DE LA UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA (OTOÑO 2014), IMPARTIDA POR EL MTRO. EDUARDO PORTAS. 

Escoger un tema que tenga valor periodístico y que al mismo tiempo sea de interés general no es nada fácil. En un principio, teníamos una idea vaga de lo que queríamos investigar y dar a conocer: los problemas que enfrentan las personas discapacitadas en nuestro país.

La población sabe y está consciente de la falta de inclusión, en todos los aspectos, hacia las personas con capacidades distintas, pero nunca se toma el tiempo de pensar en los obstáculos que enfrentan día con día. “Contactemos a alguien para documentar su caso y dejemos atrás la superficialidad que hasta ahora han manejado la mayoría de los medios respecto al tema ”, pensamos.

Al momento de empezar a recabar información, nos llamó la atención el proceso de readaptación social por el que pasan las personas discapacitadas, especialmente quienes padecen ceguera. Nos enteramos de la existencia de la Escuela para Entrenamiento de Perros Guía para Ciegos, una institución de asistencia privada dedicada a capacitar a perros para convertirse en los ojos de quienes no ven.

Silvia Lozada, la fundadora, amablemente nos concedió una visita a la institución para explicarnos, tanto el proceso de selección de las personas candidatas a un perro guía, como el entrenamiento de dichos animales. Ambos aspectos nos llamaron la atención, pues ninguno de nosotros había tenido la oportunidad de profundizar de forma tan directa en el tema.

Al llegar a la escuela, nos sorprendió el recibimiento que nos dieron. Primero nos mostraron un video como introducción a las actividades y a los cursos que imparten periódicamente. Luego nos taparon los ojos, primero parcialmente y después por completo, para experimentar lo que sienten las personas ciegas.

Al comenzar a interactuar con los miembros de la institución, nos percatamos que la gran mayoría eran ciegos, a excepción del entrenador, de la secretaría y de dos veterinarios. De hecho, nos marcó la facilidad con la que todos se desplazaban de un lado a otro, al grado de que por un momento llegamos a olvidarnos de su discapacidad visual.

Es indescriptible cómo identifican la proveniencia de cada sonido, incluso son capaces de reconocer los pasos de ciertas personas. Cuando empezamos a platicar con Silvia nos daba pena quitarle la mirada de encima, incluso ignoramos nuestro celular porque teníamos la impresión de que nos estaba viendo.

Fue un hecho: empezamos a convivir con las personas invidentes y nos surgieron un sinfín de preguntas: ¿cómo seleccionarán la ropa que usan y cómo lograrán diferenciar los colores de las prendas? ¿Cómo se trasladan al trabajo, al súper o a cualquier lugar al que necesiten ir? ¿Cómo vivir plenamente y lograr autosuficiencia?

Además de platicar con Silvia y con Efrén (el entrenador), tuvimos la oportunidad de entrar a una de las clases de planchado que imparten. Cada “estudiante” debía pasar al frente y planchar delante de sus compañeros una de las prendas disponibles en el aula. Fue contagiosa la felicidad con la que todos participaron y el apoyo mutuo estuvo presente en todo momento. Así, entre risas y aplausos, conocimos a Julián Landagaray, quien nos habló sobre la inclusión laboral para personas con discapacidad:

“Pues ahorita es difícil porque apenas están incluyendo a personas con discapacidad. Incluso ayer fui a una feria del empleo y hay muchas empresas que sí ya se están dando a la tarea de darnos ese espacio, pero hay otras que todavía no nos incluyen.”

La realidad es que las personas son ajenas al problema, a no ser de que tengan algún familiar o amigo con tal o cual discapacidad. De hecho, se sabe que el desempleo es el principal obstáculo que enfrentan las personas con discapacidad en México, situación que no les permite ser autosuficientes.

También nos habló sobre la tecnología, la cual es cada vez más incluyente: “Antes la tecnología era inaccesible a las personas ciegas porque nada era parlante. Luego surgieron los apoyos parlantes, pero eran muy caros, por lo tanto eran inaccesibles económicamente.”

Incluso bromeó y nos dijo que “se ha vuelto más popular” porque ya aprendió a utilizar las redes sociales en su celular: “La verdad cada día se van aplicando diferentes innovaciones en todo, un ejemplo son los teléfonos parlantes, en los cuales ya no es necesario escribir, ya puede uno dictarles. También hay varios programas que son para personas que no tienen manos o para quienes tienen poca movilidad.”

Terminamos el día con una inquietud que debíamos investigar a futuro: ¿cómo es un día en la vida de una persona invidente?

La vida de una persona con perro lazarillo

¿Qué hacer para que nuestra segunda entrega sea más interesante que la primera? Era obvio que debíamos explotar al máximo nuestra creatividad, pero necesitábamos algo más: una historia interesante que contar. ¿Qué queremos saber? ¿Qué hechos cotidianos sobre discapacidad visual no vemos todos los días? ¿Qué deben saber los demás sobre este tema?

Tras horas de pensar en cómo estructurar nuestro segundo video, llegamos a la conclusión de que seguíamos con muchas ganas de adentrarnos en la vida de una persona ciega, porque una cosa es que nos regale cinco minutos para platicarnos a grandes rasgos las dificultades que enfrenta diariamente, y otra muy diferente es verlo y analizarlo con nuestros propios ojos.

“Encontremos a alguien que nos permita grabarlo en sus actividades cotidianas y que además nos platique experiencias sobre las dificultades a las que se ha enfrentado en la ciudad”, dijimos. Se nos hizo fácil pensar en dos posibilidades: a) que la persona con la que nos apalabráramos nos dejara grabar su trayecto hacia la institución donde trabaja y sus actividades dentro de ella, b) preguntarle si tenía algo importante que hacer en la tarde, y si nos respondía que no, conseguir que nos dejara grabar ALGO, alguna de sus actividades cuando saliera de trabajar.

Pensamos que lo más complicado sería encontrar a quien nos concediera el privilegio de acompañarlo a donde tuviera que ir, pero nunca consideramos las dificultades que tendríamos para capturar aquellos momentos tan valiosos. Nos acordamos de Omar, a quien habíamos conocido la primera vez que fuimos a la institución porque además de que trabaja ahí, desde la vez pasada nos llamó la atención su optimismo y ganas de seguir adelante.

Logramos contactarlo. Sin un solo “pero” nos concedió la entrevista y el seguimiento de sus actividades. Nos vimos en la institución y estando ahí se nos ocurrió invitarlo a comer para que entrara en confianza y, al mismo tiempo, conocerlo a fondo.

Al subirnos al camión, nos atormentó la clásica lluvia de preguntas. ¿Cómo asegurarnos de que la toma salga bien con tanta gente? ¿Qué tanto le vamos a preguntar? ¿Y si no lo dejan entrar al centro comercial con el perro? Además, tampoco sabíamos con cuánto tiempo contábamos. No nos quedaba de otra, todo saldría sobre la marcha.

Enfrentamos con Omar las dificultades del traslado porque al perro le cuesta mucho trabajo subirse y bajarse del camión. De hecho percibimos que le daba miedo hacerlo. ¿Cómo lograr aclimatarlo al transporte, a centros comerciales y a lugares concurridos para lograr que no se distraiga? “El entrenamiento también debe ser un proceso difícil para ellos”, pensamos.

-“¡Mira, qué bonito!”, decía la gente cuando veía al perro en el centro comercial. Todos nos miraban con asombro y duda, por un lado al ver a Omar con el perro, y por otro de vernos entrar con la cámara, el tripié y los micrófonos.

Tal y como lo había predicho Omar, varias personas se acercaron a acariciar al perro sin preocupación alguna; incluso hubo quienes no le cedieron el paso en las escaleras eléctricas. En este punto del seguimiento estábamos preocupados por dos cosas: 1) que nos sacaran del centro comercial por el perro, b) que nos quitaran la cámara.

Fue evidente que Omar entró en confianza cuando nos sentamos a platicar en el fast food porque sabía que teníamos la cámara apagada. Nos contó un sinfín de anécdotas de todo tipo, incluso se atrevió a contarnos su experiencia de cuando fue a la Ibero.

Ahondados en la conversación, identificamos un sinfín de contradicciones entre lo que nos platicaba Omar y lo que nos dijo el veterinario días antes. Nos dimos cuenta que, tal y como lo mencionó Omar, la gente no está informada ni actualizada sobre los cambios en las leyes de establecimientos públicos, las cuales ya permiten que la persona con discapacidad visual entre a cualquier establecimiento con el perro.

“Yo en lo personal he visto que sí respetan mucho esa parte, no hay atención de otras personas que interrumpan el caminar del perro guía con el invidente o que lo traten de maniobrar ellos… no, no […] por los accidentes que ha habido en cuestión de mordidas, la gente ya no se acerca tanto.” Literalmente esa fue la frase del veterinario cuando le preguntamos acerca de los riesgos que corre el invidente si la gente comete imprudencias.

¿Si lo habrá visto o lo inventó en el momento para tener qué contestar en la entrevista? De ser verdad su declaración, ¿en dónde habrá visto que la gente sí respeta el paso del invidente? ¿A quién no le van a dar ganas de acariciar a un Labrador o Golden en la vía pública?

Si bien el veterinario nos aportó información relevante al decir que la parte triste para los perros guía es que experimentan tres veces el cambio de familia, lo que más nos impactó fue su falta de conocimiento y sentido común sobre lo que viven diariamente las personas con discapacidad visual.

“En una ocasión, entré a un bar con unos amigos y me negaron la entrada que porque a los demás clientes no les iba a parecer el perro. A pesar de que iba de buenas, me frustré y tuve que hablar con el gerente sobre mis derechos humanos hasta que de mala gana me dejó entrar y me asignó una mesa…” Omar nos estaba platicando esa anécdota cuando de pronto escuchamos la frase que, de haber sido grabada, seguramente nos hubiera hecho acreedores del Premio Nacional de Periodismo 2014 en materia de derechos humanos.

“Joven, le informamos que no puede entrar al centro comercial con perros, así que por favor retírese”, mencionó de pronto un policía. Obviamente no supimos qué hacer: ¿defender a Omar? ¿Grabar al policía? ¿Nos quitarán la cámara si lo hacemos? ¿Pedir hablar con el gerente? ¿Dejar que Omar hablara?

Fue inevitable que al instante le discutiéramos al policía, pero Omar nos interrumpió: “Soy una persona invidente, es un perro guía y está trabajando”. La cara del oficial cambió drásticamente y fue a discutir el caso con el supervisor. A los cinco minutos regresó y nos pidió una disculpa.

Nos dimos cuenta que la vida para una persona con discapacidad visual no es como la imaginábamos. Existen un sinfín de factores que si no los vivimos junto con ellos, pasan desapercibidos. De hecho, terminamos el seguimiento más preocupados por cómo se regresaría Omar a su casa (a pesar de que diario lo hace solo), por ayudarlo de alguna u otra forma a que tomara el camión correcto y que no le fuera a pasar nada, que por nuestro propio reportaje.

Antes de concluir la conversación, Omar mencionó algo que se nos quedó grabado: “Lo bueno de ser ciego es que no juzgas a una persona por cómo se ve ni por cómo viene vestido, sino por lo que escuchas de él o ella”. ¿Cuántas veces nosotros hacemos lo mismo? Nunca porque nuestros ojos siempre juzgan primero. ¿Por qué no juzgar a una persona por la conversación que entabla con nosotros?

Terminamos el seguimiento con una gran satisfacción pues obtuvimos una gran lección: una cosa es tomar en cuenta a las personas con discapacidad visual y otra muy diferente es ponerte en sus zapatos e intentar ver la vida desde su perspectiva. Ahora sólo nos faltaba una cosa por atestiguar: ¿cómo es la ayuda que reciben las personas que padecen otra discapacidad?

Terapia asistida con animales para personas discapacitadas

“Ya es lo último, lo más fácil”, pensamos. Estábamos equivocados. Aunque teníamos todo bien estructurado, realizar nuestra tercera entrega fue más difícil de lo que creímos. Desde un principio, quisimos enfocar esta parte de la investigación, por un lado, en el destino del perro luego de que termina su vida útil de trabajo, y por otro, profundizar en el proceso de readaptación por el que tiene que pasar la persona discapacitada para acoplarse a su nuevo guía.

¿Qué sucede si los perros que regresan viejitos a la institución no encuentran dueño? A nivel emocional, ¿qué tanto les afecta, tanto al perro como al ciego, dejar de trabajar y vivir juntos? Después de tantos años con un mismo perro, ¿qué tan complicado es adaptarse a uno nuevo? Para una familia, ¿qué implica adoptar a perros viejitos? ¿Cómo lograr darles una buena calidad de vida?

Teníamos un sinfín de preguntas. Sólo necesitábamos programar nuevamente una visita a la institución para conversar con quienes hayan tenido más de un perro guía, y ver si existía la posibilidad de que ahí mismo nos facilitaran el contacto de algunas de las familias que adoptaron a dichos perros viejitos. “Silvia y Omar han tenido más de tres perros cada uno y les han encontrado casa. Como ya nos conocen, seguro nos echan la mano”, dijimos.

Todo iba bien hasta que Silvia, fundadora de la institución, dejó de contestarnos. Primero nos respondía que tenía la agenda apretada y que no podía atendernos, y luego simplemente ignoró nuestros correos. Ante esto, era evidente que necesitábamos otro plan.

Luego de investigar y buscar nuevas ideas, nos enteramos de la existencia de ‘Bocalán México’, otra institución, reconocida a nivel internacional, dedicada a mejorar la calidad de vida de personas discapacitadas a través de la implementación de programas con perros de asistencia o terapia asistida con animales.

Nos pareció interesante. Al ponernos en contacto con la dueña corrimos con suerte, pues nos concedió una cita para atestiguar el entrenamiento de los perros. Dos días después, tras adentrarnos en la carretera Picacho-Ajusco por más de 30 minutos, dimos con el lugar. Claudia Aguilar, la fundadora y directora, amablemente nos dio un recorrido por las instalaciones y nos platicó todo sobre las terapias que imparten.

Un hecho interesante es que no sólo cuentan con perros, sino también con un burro, dos cabras (donadas por Six Flags), tres cochinos, dos borregos, conejos y varias gallinas. ¡Parecía granja! Todo indicaba que nos habíamos equivocado de lugar, pero no fue así. Más bien, ignorábamos que dichos animales también forman parte de la terapia que reciben los enfermos.

“Tenemos un burro que se llama Filemón, con él llegamos a trabajar desde motricidad fina hasta motricidad gruesa. Tenemos también dos cerdos que están entrenados, uno de ellos para meter la pelota con los niños cuando abren las piernas…¡mete goles! Con estos animales podemos motivar más a los niños a que trabajen y tengan sesiones de terapia exitosas.”

Hasta ese momento la buena noticia era que todo lo que nos contaban y enseñaban era sumamente interesante; la mala fue que no había perros guía. Al platicar con Claudia, nos informó que en México, el entrenamiento de perros guía para ciegos es una especie de monopolio, pues una sola institución (Escuela para Entrenamiento de Perros Guía para Ciegos I.A.P) se encarga de hacerlo. Bocalán México, en cambio, interviene en otras áreas, tales como el autismo, discapacidad intelectual, esquizofrenia, parálisis cerebral, síndrome de Down, así como diversas intervenciones sociales (centros de menores, centros penitenciarios, abuso y explotación sexual).

“Trabajamos, por ejemplo, con niños y los apoyamos en la parte del lenguaje, en la parte cognitiva y en la parte de motricidad. Las terapias se dan aquí en la fundación o en los domicilios”, aclaró.

Por otro lado, tuvimos la fortuna de conocer a Andrea López, una chica proveniente de España que visitó México para impartir cursos a los entrenadores. Ella no sólo nos habló del papel de los perros en la sociedad, sino también nos dio una perspectiva internacional acerca de la tolerancia hacia las personas con discapacidad visual y la aceptación hacia los perros guía, señalando de este modo las principales diferencias culturales entre México y España.

“Ahora sí tenemos suficiente material para nuestra entrega”, sonreímos. Pero, ¿cómo relacionar toda esta información con nuestra investigación? Se nos hizo fácil. La solución fue darle un pequeño giro a la historia y, al igual que George Lucas, decidimos que nuestra tercera entrega en realidad será la primera parte de la serie. De este modo, lograremos presentar el tema de lo general a lo particular.

Después de platicar un rato con ellas, nos invitaron a las sesiones de entrenamiento con los perros. El lugar, además de pintoresco, era como un Gymboree canino. Había mucho material didáctico y suficiente espacio para trabajar, por lo que nos instalamos sin problema alguno.

Cabe aclarar que existen muchos tipos de perros de asistencia: perros de servicio para personas con discapacidad motriz, perros señal para personas con discapacidad auditiva (alertan a las personas de la alarma sísmica, el timbre, el despertador), perros de alerta médica (detectan bajadas de glucosa en diabéticos) y perros para personas con Alzheimer, entre otros.

Mauricio y yo vimos el entrenamiento de perros de asistencia para personas con discapacidad motriz. Algunos de sus trabajos específicos son encender/apagar luces, abrir y cerrar puertas y cajones, búsqueda y localización de objetos, desvestir al usuario y ayudarlo en caídas.

“Nosotros entrenamos por refuerzo positivo, entonces tal cual lo que hacemos es que el perro aprende por medio de premios. Empezamos con habilidades que son muy sencillas y ya después vamos encadenando conductas que le ayudan al perro a hacer habilidades un poquito más complejas”, nos comentó uno de los colaboradores de la fundación.

¡Lo que vimos fue impactante! En un ambiente reinado por el silencio y la tranquilidad, dos entrenadores nos demostraron la habilidad de los perros. Sin embargo, nos dimos cuenta que cada perro es apto y más habilidoso que los demás en ciertas actividades, de tal modo que cada uno se “especializa” en una discapacidad. De pronto, la misma pregunta con relación a los perros viejitos volvió a atormentarnos.

Al igual que Silvia, Claudia nos dijo que después de su vida útil de trabajo, los perros regresan a la institución viejitos. “Generalmente, cuando pasa la vida útil de un perro de asistencia muchas familias se los quieren quedar. De hecho, hay veces que los mismos familiares del paciente son los que se quedan con el perro”.

Salimos exhaustos, pero con un gran aprendizaje de por vida: los perros no sólo son animales de compañía, también son el apoyo de miles de personas discapacitadas que muchas veces no son tomadas en cuenta por la sociedad.

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