Machismo y Masculinidad. Repercusiones y Características en la Cinematografía Mexicana

Abstract

En esta investigación se indagó sobre las características esenciales que conforman nuestro ideal masculino mexicano el cual es representado en las películas mexicanas. La recopilación de datos fue a través de la selección de escritos sobre la cinematografía, los estereotipos de género, etcétera. Después se necesitó de un análisis sobre teorías sociales para entender el fenómeno de la masculinidad en el cine de México. Gracias a ello, la observación de varias cintas mexicanas fue de gran ayuda para establecer las metas de la investigación en las que se ilustran la necesidad de la masculinidad hegemónica en nuestro país, los elementos necesarios para satisfacer las expectativas de los hombres y las repercusiones que estas ideologías traen en nuestra sociedad.

Este es un trabajo de Sabrina Fernández realizado para la materia Taller de Investigación Documental de la Universidad Iberoamericana, campus Ciudad de México (2º Semestre, Mtro. Eduardo Portas, Primavera 2020)

Descarga la investigación completa: Machismo_cine_mexicano_Fernandez

Introducción

La idea de este documento nace a partir de la revisión de películas mexicanas por las cuales fueron sencillas y directas al puntualizar las características de masculinidad y como éstas son proyectadas en el cine. Sin embargo, no es solamente un tema de los medios ya que cuando presentan una imagen a la sociedad es fácil que ésta se repita entre las masas.

Los medios son los responsables en demostrar y englobar lo que se vive en nuestra sociedad, esto puede llegar al punto en que las mismas proyecciones que nos inculcan, nos vemos comprometidos a ellas al grado de reproducirlas continuamente. Una de las imágenes más fuertes y constantes, es la aportación de la masculinidad; lo vemos reflejados en publicidad, canciones en la radio y principalmente en el cine. Es necesario reflexionar sobre todas las imágenes que se nos presentan porque estas no se quedaran solamente en la sala de cine, llegan a formar nuevas personas y grupos sociales que tendrán eventualmente de perpetuar la concepción de nuestros roles de género al grado de dañar el espacio público o hasta privado.

Curiosamente en México vemos ciertos casos especiales ya que la cinematografía no solamente proyecta la imagen del hombre ideal, sino, que constantemente la refuerza, protege y valida. Sin embargo, no seremos capaces de para o puntualizar este fenómeno si no entendemos las características que estas tienen, la forma en que las ideas se conforman y la perpetuación que pueden afectarnos como un colectivo. Podremos lograr tales metas al reflexionar sobre las películas que observamos, tanto en la creación de personajes como la conformación de los diálogos, también sobre la reacción de la gente y las razones por las que actúan de esa manera.

A continuación, se describirá lo que caracteriza a la masculinidad en sí y como la cinematografía mexicana lo usa para moldear nuestra realidad.

Palabras clave

Masculinidad, construcción social, cinematografía, roles de género y estereotipos.

Preguntas de investigación

  • ¿Cuáles son las características que impulsan y fortalecen a la imagen masculina en el cine?
  • ¿Qué es lo que motiva a la cinematografía mexicana a reproducir las proyecciones de masculinidad en el cine?
  • ¿A qué retos se enfrenta la representación de la masculinidad?
  • ¿Cuáles son los impactos que tienen en una sociedad exhibir personajes altamente masculinizados?

Objetivos de la investigación

  • Entender los motivos que reforzaron la idealización de la masculinidad en las películas mexicanas.
  • Identificar los factores que impulsan a los estereotipos de la masculinidad en el cine.
  • Observar las consecuencias y repercusiones de las imágenes masculinas en el cine hacia la sociedad.

Justificación

La importancia de este proyecto recae en el análisis sobre como las imágenes proyectadas en los medios sobre la masculinidad, nos obligan a reproducirnos en nuestro día a día provocando consecuencias en el desarrollo de cada individuo de la sociedad. Es de extrema relevancia observar y puntualizar los daños que brinda la imagen determinada de un hombre ideal en un medio tan protagonista como el cine.

Hipótesis

Si la sociedad mexicana se ve expuesta a tantas imágenes en el cine, entonces se creará una imagen predeterminada de lo que significa ser hombre basado en estereotipos dañinos que afectan a cada individuo de la sociedad.

Metodología

Investigación Documental

Estado del Arte

  • Apartado sobre la masculinidad

De machos, héroes, afeminados y otros tantos mexicanos. Estudio historiográfico sobre las masculinidades en los siglos XIX y XX.

La autora Cecilia Alfaro Gómez en su redacción es capaz de explicar las cuestiones más generales del concepto de género en nuestra cultura. Una de ellas sería que el género es una práctica social que se encuentra configurada por la feminidad y la masculinidad. Por lo tanto, es imposible que estas experiencias simbólicas puedan existir la una sin la otra.

En consecuencia, de esta dualidad se crea el concepto de masculinidad hegemónica, la cual engloba a los grupos dominantes de hombres que sustentan el poder e interactúan con la masculinidad de subordinación y la de complicidad hacia los demás individuos de la sociedad, sin exentar a los hombres (Alfaro Gómez, 2009, p.1).

Por consiguiente, la masculinidad es un proceso y no una construcción acabada porque depende de las etapas del ciclo de la vida y de las relaciones de los hombres con sus familias (Alfaro Gómez, 2009, p.1).

La misma masculinidad decreta que exista una continua movilidad a la que los hombres se ven sujetos a cambiar continuamente y, en ocasiones, a transformarse o crear masculinidades nuevas, concepto desarrollado por Cecilia Alfaro Gómez (2009).

Por consiguiente, la masculinidad es un proceso y no una construcción acabada porque depende de las etapas del ciclo de la vida y de las relaciones de los hombres con sus familias (Alfaro Gómez, 2009, p.2).

El surgimiento de la masculinidad arraigada en nuestro país nació por la concepción de la figura del macho complementaba al discurso revolucionario de identidad, el homosexual constituía su contraparte: al afeminado que despreciaba los principios del nuevo orden (Alfaro Gómez, 2009, p.8).

De ahí que el charro se convirtiera en una figura cinematográfica con un estereotipo y un sinónimo del nacionalismo, en él se representaban todas las expresiones que dieron origen al macho mexicano, quien representó un modelo de conducta para sus seguidores (Alfaro Gómez, 2009, p.7).

Un ejemplo de esa gran imagen de hombre ideal a través del cine sería Pedro Infante, quien es sinónimo de la perfección moral y física, del ideal masculino tanto del hombre tradicional (el charro) como del hombre moderno y urbano; es decir, él es el representante de todas las clases económicas y regiones. Infante encarna todos los tipos de masculinidad en el país: por un lado, el macho violento, mujeriego y valiente; por otro, el patriarca posrevolucionario, controlado, púdico, católico y comprometido con las causas sociales (Alfaro Gómez, 2009, p. 6).

Es así como a través del cine se explica la masculinización de las instituciones estatales, ya que el séptimo arte ha permitido la difusión de los modelos del deber ser hombre. Por esa circunstancia la cinematografía ha contribuido a las luchas que rodeaban la redefinición de lo que era ser mexicano (Alfaro Gómez, 2009, p. 6).

La navaja de dos filos: una reflexión acerca de la investigación y el trabajo sobre hombres y masculinidades en México.

La importancia de investigar a la masculinidad y sus vertientes nace de la necesidad de comprender el lugar de los hombres en los vínculos que perpetúan la desigualdad entre hombres y mujeres a la vez que analizar la masculinidad en su contradictoria dimensión de mandato restrictivo y “pedagogía para la opresión” (Herrera, 2001, p.105).

Es decir, que al analizar la masculinidad también se encuentra la necesidad de marcar el contenido de la necesaria transformación de los hombres desde una ideología particular (Herrera, 2001, p.111).

El concepto de masculinidad implica la existencia de una o más entidades discretas que agrupan una serie de características (sean estas actitudes, comportamientos o ideas) observables en ciertas personas o grupos (Herrera, 2001, p.111).

La autora Ana Amuchástegui Herrera en su escrito es capaz de englobar a la masculinidad en dos características primordiales:

  • La masculinidad está constituida por las conductas y actitudes que diferencian a los hombres de las mujeres.
  • La masculinidad está constituida por estereotipos y normas acerca de lo que los hombres son y/o deben ser.

La investigación de Ana Amuchástegui Herrera ha demostrado una y otra vez no sólo que los estereotipos y las normas de género son inconsistentes en sí mismas, sino que las prácticas de las personas rara vez se ajustan a ellas.

La masculinidad nunca es tangible ni tampoco es una abstracción cuyo significado es el mismo en todas partes. En la práctica, las personas operan de acuerdo con diferentes nociones de masculinidad; una inspección cercana revela un conjunto de nociones con cierto “parecido familiar” (Herrera, 2001, p.117).

Se crea cierta similitud en la constante construcción social de la masculinidad que sirve para designar una serie de discursos sociales que pretenden definir al término masculino del género dentro de configuraciones históricas particulares, diferenciándolo de las propias experiencias de los hombres, que no están reducidos a someterse a tal construcción y que manifiestan innumerables formas de resistencia (Herrera, 2001, p.119).

El impacto de los estereotipos y los roles de género en México.

Para entender el problema que causa la masculinidad en nuestra sociedad debemos entender en su totalidad que son los estereotipos. Por lo tanto, los estereotipos son concepciones preconcebidas acerca de cómo son y cómo deben comportarse las mujeres y los hombres.

Estas creencias, sin embargo, no son elecciones conscientes que se puedan aceptar o rechazar de manera individual, sino que surgen del espacio colectivo, de la herencia familiar y de todos los ámbitos en que cada persona participe.

Se trata de una construcción social que comienza a partir del nacimiento de los individuos, quienes potencian ciertas características y habilidades según su sexo e inhiben otras, de manera que quienes los rodean, les dan un trato diferenciado que se refleja en cómo se relacionan con ellos, dando lugar a la discriminación de género. Concepto desarrollado por el Instituto Nacional de las Mujeres.

Asimismo, la discriminación genero se puede representar cuando el trabajo productivo se considera responsabilidad propia del varón, éste se encuentra en posición de controlar y manejar los recursos económicos y tecnológicos a los que está estrictamente ligado el ejercicio del poder, tanto público como privado (Instituto Nacional de las Mujeres, 2007, p.2).

Aquí también se refleja el estereotipo de los roles de género, pues el sexo masculino se identifica más con profesiones que requieren de esfuerzo intelectual pero también físico, y relacionadas con la creación y/o planificación de infraestructura y que se desarrollan en espacios abiertos en donde participan en su mayoría otros hombres (Instituto Nacional de las Mujeres, 2007, p.11).

Esos mismos estereotipos han logrado funcionar durante muchos años como fuertes obstáculos, provocando que a los varones se les haya negado el derecho a expresar sus afectos bajo el supuesto de la fortaleza y la insensibilidad (Instituto Nacional de las Mujeres, 2007, p.15).

Como sabemos, los estereotipos son impulsado por la cultura, las instituciones, la sociedad y la familia, son promotores de ideas y patrones de conducta, y son las mujeres y los hombres que participan en esos ámbitos quienes se encargan de darles significado (Instituto Nacional de las Mujeres, 2007, p.15).

Asimismo, en nuestros días, la imagen de lo que son o deben ser las mujeres y los hombres, o de lo que hacen según su condición de género, está determinada en buena parte por los medios de comunicación (Instituto Nacional de las Mujeres, 2007, p.14).

A lo largo de su historia, los medios de comunicación han reproducido los estereotipos de lo femenino y lo masculino mediante la emisión de contenidos con representaciones sexistas, fortaleciendo con ello las inequidades entre mujeres y hombres (Instituto Nacional de las Mujeres, 2007, p.14).

La manera en que los mismos estereotipos puedan ser transformados es a través de las acciones de la sociedad civil, ya que tienen en sus manos la responsabilidad de hacer políticas, el compromiso con dicha transformación podría realizarse mediante el diseño de prácticas, programas, proyectos, políticas públicas y acciones que sensibilicen a quienes trabajan en y desde otros espacios (Instituto Nacional de las Mujeres, 2007, p.15).

Porque soy hombre, una visión a la nueva masculinidad.

La masculinidad se define como el conjunto de atributos, valores, comportamientos y conductas que son características del ser hombre en una sociedad determinada (Pizarro, 2006, p.22).

Desde el momento de nuestro nacimiento se nos asignan expectativas, valores y normas de acuerdo al sexo al que pertenecemos, es decir, aprendemos la forma en que debemos actuar, pensar y sentir según nuestra condición de hombres o mujeres (Pizarro ,2006, p.19).

Se establecen relaciones sociales de dominio que permiten a los hombres tener y ejercer el control y el poder sobre quienes socialmente se encuentran desposeídos de éste (Pizarro, 2006, p.24).

En la actualidad cada vez es más frecuente encontrarse con hombres que han empezado a preguntarse por qué solo por el hecho de ser hombres, tienen que cumplir con ciertas expectativas como ser valientes, exitosos, agresivos y poderosos (Pizarro, 2006, p.20).

Asimismo, muchas de las ideas, creencias y costumbres que aprendemos del medio que nos rodea nos llevan a adoptar ciertas prácticas y comportamientos que, en el caso de los hombres, muy a menudo afectan su integridad física, psicológica y emocional y les impide desarrollar sus potencialidades humanas, como por ejemplo la de expresar abiertamente sus emociones y afectos (Pizarro, 2006, p.21).

Sin embargo, tener que demostrar continuamente que se es hombre provoca un desgaste emocional y físico. Es evidente que, debido a que viven de acuerdo a este modelo tradicional de masculinidad, sin someterlo a una reflexión crítica, existe una gran cantidad de hombres frustrados y estresados por no poder cumplir con lo que se espera de ellos según ese modelo (Pizarro, 2006, p.29).

A través de su escrito, Héctor Pizarro es capaz de explicar, definir y desglosar el modelo tradicional masculino. El cual es transmitido en una imagen de los hombres centrada en la apariencia exterior (demostrar ante los demás que se es fuerte, seguro de sí mismo, competitivo, ganador) que elimina casi en su totalidad un factor de máxima importancia: su interioridad, es decir, todo aquello relacionado con los sentimientos.

Los elementos que conforman el modelo tradicional masculino se traducen en un estilo de relación con el mundo caracterizado por un comportamiento afectivo limitado, por una conducta sexual restringida, por actitudes basadas en modelos de control, poder y competencia, así como en una dificultad para el cuidado de la salud, observaciones y conceptos desarrollados por Héctor Pizarro, 2006.

Se establece la restricción emocional que consiste en no hablar acerca de los propios sentimientos, especialmente con otros hombres. Sin embargo, las necesidades emocionales de los hombres existen, aunque su expresión esté prohibida, limitada o reducida a estereotipos. Es común ver que algunos hombres rehúyen la intimidad, se niegan a hablar de sus afectos y se niegan a pedir ayuda, observaciones y conceptos desarrollados por Héctor Pizarro, 2006.

El modelo tradicional masculino se basa igualmente en la obsesión por el éxito debido a que la forma en que los hombres aprenden a relacionarse con otras personas, se apoya en el mito del ganador. Esto implica estar en un permanente estado de alerta y competencia, ejerciendo un autocontrol represivo que regula la exteriorización del dolor, la tristeza, el placer, el temor, etc.

Es decir, de aquellos sentimientos generalmente asociados con la debilidad se atribuyen a la fortaleza y al atrevimiento rasgos definitivos del modelo tradicional masculino, ya que se debe tener siempre un aura de atrevimiento, agresión, toma de riesgos y vivir al borde del precipicio, observaciones y conceptos desarrollados por Héctor Pizarro, 2006.

La masculinidad es capaz de traducirse como un estilo de relación con el mundo caracterizado por un comportamiento afectivo limitado, por una conducta sexual restringida, por actitudes basadas en modelos de control, poder y competencia, así como en una dificultad para el cuidado de la salud (Pizarro, 2006, p.32).

No nacemos machos. Cinco ensayos para repensar el ser hombre en el patriarcado.

La construcción patriarcal de la masculinidad es algo muy real, y es algo que puede destruir la identidad y el proceso de desarrollo de cada individuo. En el artículo, son capaces de identificar los problemas que se pueden generar mediante ellos. Guadalupe Reyes ha llamado esas consecuencias y desgarres emocionales, la mística masculina. Deja a las pequeñas criaturas asignadas hombre y posteriormente, a los hombres adultos, desmembrados emocionalmente, con pánico a mostrar debilidad y la mayoría de las veces incapaces de acceder satisfactoriamente, reconocer o enfrentarse a sus sentimientos.

Asimismo, la masculinidad condiciona a los hombres para rechazar las respuestas genuinas al dolor que nosotros mismos experimentamos y al dolor que sufren las personas de nuestro entorno (Rivera, 2017, p.18).

Por eso mismo, la masculinidad es tan difícil de conseguir e imposible de mantener sin que los hombres se sientan amenazados o lastimados, un hecho que real incluye y que queda de manifiesto en la frase «frágil ego masculino». Como la autoestima masculina descansa temblorosamente sobre el frágil suelo de la construcción social, el esfuerzo para mantenerla es agotador (Rivera, 2017, p. 38).

Eventualmente, mientras que las mujeres naturalizan su dolor, los hombres lo exteriorizamos, hacia nosotros mismos o hacia otros. Por lo los hombres suelen externalizar el estrés. Lo exteriorizan y se olvida las responsabilidades en ello. Es lo contrario a la autoinculpación, es ser una víctima colérica (Rivera, 2017, p. 39).

Se convierte en un cliché cultural sobre los hombres totalmente disociados de sus sentimientos no tiene nada que ver con la virilidad, más bien es el indicativo de unos códigos de conducta religiosamente, transmitidos, en su mayoría por padres y madres bienintencionadas y globalmente por la sociedad, sobre como tienen que expresar sus sentimientos como un hombre (Rivera, 2017, p.38).

A través de anuncios de televisión, series, películas y revistas, los hombres aprendemos el modelo ideal de cuerpo que hemos de conseguir, la ropa que hemos de vestir, el trabajo que hemos de alcanzar y los hábitos diarios que debemos practicar, y así hasta el infinito (Rivera, 2017, p.59).

Las representaciones masculinas en los medios se han diversificado, la narración, por otra parte, ha llevado a cabo una importante labor ideológica apoyando de manera constante a personajes masculinos construidos desde el heroísmo o la admiración, insultando al resto. De esta manera, aunque las series de televisión han ampliado su muestra de tipos de hombre y masculinidades, han conservado su preferencia por un tipo de masculinidad cuyos atributos se idealizan constantemente (Rivera, 2017, p.37).

Apartado sobre la cinematografía

La recepción del cine mexicano y las construcciones de genero ¿Formación de una audiencia nacional?

El cine ha servido como un instrumento de modernización y agente de secularización el cine como un fenómeno que incide en los comportamientos sociales y el cine como parte del proceso de masificación de la cultura y como medio de homogeneización de las masas (Torres, 2008, p.63).

El cine en nuestros tiempos de modernidad también ha servido como constructor de identidades, la caracterización de la audiencia y el desarrollo que ha tenido la industria fílmica nacional (Torres, 2008, p.63).

Para el fin de comprender el impacto que la cinematografía tiene en los receptores se da a entender a los miembros de la audiencia como parte de las representaciones fílmicas y a los textos derivados de la lectura de los sujetos como discursos producidos dentro de ciertas convenciones culturales. De tal manera que lo que haya significado para la audiencia, ya sea el relato fílmico o la representación de género de cada uno de los personajes, es en sí una narrativa propia en un marco de convenciones sociales, pero que a la vez se construye de manera diferentes según sea el contexto (Torres, 2008, p.68).

Es decir, que hay que pensar más en una audiencia activa y cambiante, social y culturalmente hablando. Y que si bien tenemos la certeza de que frente a una película predominan las capacidades perceptivas y emotivas de los sujetos-audiencia, no podemos aislar el contexto personal, social y cultural en el que se encuentran inscritas y del cual se desprende una serie de factores que al final del proceso influirán en la lectura (Torres, 2008, p.71).

Por lo tanto, las puestas en escena que las películas nos muestran se convierten en referentes a través de los cuales se dejan filtrar muchos otros, que no son precisamente los que están en la pantalla, sino los que están en las ideas, los afectos, los temores, los prejuicios o las convenciones culturales, que no son otra cosa sino el cúmulo de construcciones históricas, sociales y culturales que nos definen (Torres, 2008, p. 69).

Asimismo, para entender el impacto de una película en la sociedad y muy necesario abordarlo desde una perspectiva de género, así como también la manera en que las imágenes aportadas se construyen a partir de una imposición y modelos de identidad de género convencionales, pero revestidas de un discurso moderno que se acerque más a la realidad de los receptores (Torres, 2008, p. 98).

La actividad y representación del género que tiene en la cinematografía mexicana es que las diferencias de género en relación con la forma en que se habla o se estructura el discurso sobre la película; y las relaciones que cada grupo estableció entre sus miembros, durante y después de la proyección, y el comportamiento de género frente a la película (Torres, 2008, p. 64).

La masculinidad es reflejada en la producción discursiva las diferencias de género de los miembros de los grupos fueron notables en los sujetos masculinos, para quienes nombrar lo femenino, desde o a partir de una propuesta cinematográfica de una realizadora, significó un acto que los violentó porque cuestionó la naturalidad del discurso masculino como único (Torres, 2008, p. 64).

Es así como los hombres más jóvenes ven el cine, impone maneras de ser y actuar, por medio de las modas y los comportamientos de los actores, por lo que la influencia de ciertas películas en ellos o en su entorno termina por ser un hecho y un medio de pertenencia e integración (Torres, 2008, p. 65).

“Cine y masculinidades” Los hombres en el séptimo arte nacional.

Los autores Gastón Caamaño y Soledad Martínez definen constantemente que, con el fin de caracterizar y comprender las masculinidades, es necesario conocer los mecanismos que las originan, sustentan y perpetúan en nuestra sociedad, procesos en los cuales la globalización, los medios de comunicación juegan un papel crucial.

En los medios cuando se presenta existe un sistema sexo/genero, con el cual hace alusión a un sistema que correlaciona el sexo con los contenidos culturales, construyendo individuos concretos en varones o mujeres, y que se encuentra siempre ligado a factores políticos y económicos (Camaño & Martínez, 2015, p. 9).

Eventualmente es ese mismo sistema se ocupa entonces de que los sujetos no perciban como iguales situaciones o actitudes que, si no son idénticas, son muy parecidas. Lo que hacen las mujeres es interpretado siempre como femenino y lo que hacen los hombres es interpretado siempre como masculino (Camaño & Martínez, 2015, p. 16).

Uno de los medios que actúan y reproduce sus imágenes por medio de este sistema es el cine. Al ser un medio de comunicación de masas y reproductor de ideologías, se caracterizaría como un tipo de proyección de la vida social sobre la subjetividad, el cual, al anclar la ficción a imágenes afecta la subjetividad de los/las espectadores/as, produce subjetividades individuales con una base netamente social (Camaño & Martínez, 2015, p. 10).

Los autores Gastón Caamaño y Soledad Martínez también describen el concepto de “espectador”, el cual toma desde la teoría feminista del cine, y lo define como un concepto que se encuentra en directa relación con el género del espectador y en el cual se hace referencia al modo en el que la película apela a la identificación de género de los sujetos y la estructura.

Los espectadores que toman como referencia al hombre viven en la misma cinematografía un machismo que sustentado en el poder patriarcal. Busca a su vez la sumisión y discriminación del género femenino y la exaltación de las cualidades de hombre opresor y mujeres oprimidas las cuales se atribuyen como norma para sus respectivos géneros (Camaño & Martínez, 2015, p17).

Es entonces cuando se define a la masculinidad como un producto social que varía a lo largo del tiempo y el espacio y que resulta de las estructuras de género que organizan la identidad y los roles de los varones, siendo entendida también como una forma de complicidad entre varones (Camaño & Martínez, 2015, p.17).

De esta forma, quienes usan este poder o privilegio, de manera consciente o inconsciente, son en primera medida los hombres, por pertenecer a este género, existiendo entonces el poder patriarcal en los sujetos y grupos sociales, los cuales lo reproducen, y en la sociedad y cultura dominante (Camaño & Martínez, 2015).

Al reproducir la misma imagen de masculinidad debe ser similar en sí, a este fenómeno se le llama masculinidad hegemónica, la cual es el resultado de estrategias políticas mediante las cuales ciertos varones se reconocen y se respetan entre sí, también es una alianza implícita que se expresa por la expresión ritual y verbal del sexismo, la misoginia y la homofobia, que degrada la vida cotidiana de los hombres (Camaño & Martínez, 2015, p.32).

Cuando los hombres viven el proceso de la masculinidad, por el cual éstos se construyen socialmente, implica la reducción de las diferencias entre ellos y por otra, el aumento de las diferencias con las mujeres, proceso que es reforzado por el sistema patriarcal (Camaño & Martínez, 2015, p.16).

Modelos de masculinidades en el cine de la transición.

La evolución del varón es crucial para la transformación de la sociedad puesto que si el sujeto del patriarcado, el hombre y su construcción de la masculinidad no varía, no cambia casi nada (Martínez, 2011, p.279).

El concepto de masculinidad es plural y variable según las culturas, que no siempre resulta necesario y que, lejos de ser una verdad esencial, es un constructo social (Martínez, 2011, p.279).

Sin embargo, aunque la masculinidad sea en grupo y social, no es algo que se tiene de nacimiento, sino que es un conjunto de actitudes y comportamientos que se ejercen, siendo el poder el eje central. La identidad masculina nunca viene dada, se tiene que ir consiguiendo, afianzando y definiendo siempre en relación con los otros (Martínez, 2011, p.279).

En el cine, existen diferentes maneras de representar la masculinidad. Una de ellas que es la más idealizada y deseada es la presentación de los males de la sociedad a través de un personaje perteneciente a un grupo privilegiado revela una ideología patriarcal en la que la posición del hombre blanco se concibe como normal y típica (Martínez, 2011, p.290).

En la cinematografía se puede apreciar la construcción del personaje masculino se convierte en un retrato recurrente y es un arquetipo con discursos políticos y sociales, estableciendo un diálogo entre las imágenes y los valores en circulación de la época (Martínez, 2011, p.277).

Por lo tanto, el cine es capaz de presentar un modo distinto de representación del hombre en tanto que plantea nuevos perfiles que conviven simultáneamente con estereotipos tradicionales que se mantienen actualmente (Martínez, 2011, p.290).

El cine es capaz de reflexionar las categorías de la masculinidad que viven los hombres en la realidad: crisis de la masculinidad, la relación con la mujer y los hombres, la vida laboral y social, su actitud y forma de comportarse (Martínez, 2011, p.282).

Una característica del arquetipo masculino que el cine es capaz de reflejar, es la actitud masculina hacia sus hijos; si bien es cierto que se comportan con cariño con sus hijos, también confiesan que no son capaces de asumir completamente el rol paternal (Martínez, 2011, p.284).

Masculinidad y violencia en el nuevo cine mexicano. Las películas de Luis Estrada

Las masculinidades en el cine latinoamericano, específicamente de la cinematografía comercial mexicana, han mostrado generalmente un machismo extremo y violento. El análisis de películas del cine de oro mexicano nos muestra con evidencia la formación de relaciones género como el matrimonio y el noviazgo (Puente, 2016, p.64).

El lugar asignado del hombre dentro de las industrias cinematográficas se ha mantenido en un plano subalterno en la jerarquía social y de organización de dichas empresas; por lo que articula la identidad de género con otras categorías como la raza, la sexualidad, la clase, lo nacional, etcétera (Puente, 2016, p.64).

Cuando hablamos de masculinidad, la idea nos remite a un modelo histórico sociocultural de ser hombre que se construye sobre la base del sexo biológico (Puente, 2016, p.66).

El sistema social busca asignar una sola identidad masculina a todos los hombres, de dominio y control, conocida como la masculinidad hegemónica (Puente, 2016, p.66).

El privilegio masculino no deja de ser una trampa y encuentra su contrapartida en la tensión permanente, a veces llevada al absurdo, de imponer a cada hombre el deber de afirmar en cualquier circunstancia, su virilidad (Puente, 2016, p.66).

Hablar de representación de las masculinidades en el cine latinoamericano es mirar un cruce de diversos ejes: políticos, económicos, sociales y culturales, que determinan discursos y prácticas sobre lo que se entiende y simboliza como lo masculino (Puente, 2016, p.68).

En la cinematografía mexicana se puede observar a la masculinidad en los personajes, dentro de un contexto situado, en el que imperan relaciones sociales determinadas por la violencia, la corrupción y el narcotráfico (Puente, 2016, p.68).

Los personajes masculinos proyectan una serie de actitudes, valores y comportamientos que marcan imaginarios de género, lo que sostiene narrativas y estéticas específicas (Puente, 2016, p.68).

El cine construye sus modelos de género y expresa el consenso de la ideología dominante (Puente, 2016, p.68).

El cine no es un espejo de la realidad, en él es posible detectar posiciones que se contraponen en el espacio social (Puente, 2016, p.68).

Las representaciones producen y reproducen identificaciones subjetivas con los personajes que establecen imaginarios y simbolismos sobre lo que se entiende debería ser o definirse como masculinidad (Puente, 2016, p.68).

Cuerpo, masculinidad y violencia: un análisis filosófico sobre la función socializadora de los medios de comunicación de masas en las democracias occidentales.

La ideología patriarcal es políticamente incorrecta, pero el discurso sobre la superioridad masculina no ha desaparecido, sino que desestructurado, fragmentado, ha adoptado una nueva forma en el discurso de la diferencia (Sambade, 2005, p.4).

Las repercusiones sociales de los medios de comunicación de masas, desde éstos se proyecta una imagen modelo de la realidad social posible que termina instituyendo implícitamente la normalidad social (Sambade, 2005, p.5).

Los medios de comunicación crean representaciones que están dotadas del estatus de lo normal y/o natural, por lo que inducen y persuaden tanto a los varones como a las mujeres para que tomen decisiones con las que inconscientemente perpetúan el sistema de género-sexo (Sambade, 2005, p.6).

La representación de identidades culturales se refiere, pues si en cierta medida las identidades culturales representadas por los medios convergen con los cambios sociales acontecidos, a su vez, una identidad puede estar entreverada por estereotipos que, bajo una nueva forma, reproducen y perpetúan añejas relaciones de poder (Sambade, 2005, p.6).

Los varones quienes aparecen representados por los medios de comunicación como ciudadanos o actores de la esfera social pública, mientras que las mujeres lo son fundamentalmente en función de su relación familiar con algún varón, siendo vinculadas así con la esfera social privada (Sambade, 2005, p.8).

El varón representado por los medios es una persona racional que disciplina su cuerpo para ejercer el gobierno del otro, especialmente del otro, como objetivo final de su acción en la vida pública (Sambade, 2005, p.12).

Los rasgos de la femineidad y la masculinidad tradicionales se siguen representando en los medios de comunicación a través de los matices del contexto y del espectro cromático designado para cada identidad de género (Sambade, 2005, p.11).

Una representación asimétrica y jerárquicamente complementaria de los sexos que induce implícitamente la idea de la superioridad física y mental del varón y, por ende, legitima la violencia masculina como último recurso para conseguir el control de las mujeres (Sambade, 2005, p.11).

Por lo tanto, el discurso audiovisual de la diferencia es la máscara que ha adoptado la ideología de la supremacía masculina o ideología patriarcal. Esta ideología fundamenta la división sexual del trabajo y legitima la desigualdad social y política de hombres y mujeres a partir de la creencia de que existen diferencias naturales entre los sexos biológicos que hacen de ellos dos entidades sustantivas esencialmente desiguales (Sambade, 2005, p.12).

La ideología de la supremacía masculina, incitando así a mujeres y a varones a identificarse con modelos patriarcales de género que perpetúan la desigualdad social entre los sexos (Sambade, 2005, p.12).

Marco Teórico

Este marco teórico es fundamental a la investigación proporcionada al lector ya que ayudará a tener una idea más clara del tema de masculinidad en el cine. Se busca la especificación de los conceptos muy básicos, específicos y complementarios acerca de la identidad y como esta se relaciona con la masculinidad.

Asimismo, una de las premisas del marco teórico es partir con la definición de identidad con el fin de entender la relevancia de esta en nuestra sociedad y cómo es capaz de moldear el pensamiento de una persona.

En cuanto a investigación, se abordará a la masculinidad proyectada en el cine desde la teoría de la identidad social que fue desarrollada por Tajfel en 1979. Por lo que significa, que el intentó identificar las condiciones mínimas que llevan a los miembros de un grupo a discriminar y estar en contra de otro grupo externo.

Por lo cual, se describirá la investigación de este teórico que fue capaz de definir la identidad en modo sociales, se habla también de su recorrido profesional con el fin de conocer los antecedentes que los llevaron a estudiar ciertos temas. Este tema es de suma importancia porque permite aportar a las investigaciones de masculinidad y aquellos que lean el documento a cómo evitar ciertas acciones que afectan a nuestra sociedad gracias al errónea y constante admiración de la imagen masculinas en el cine.

A continuación, se hablará y se relaciona teorías que adaptan y discuten ciertos parámetros qué hay en nuestra sociedad al hablar de identidad que repercuten en las acciones de cada persona.

Datos del autor

Henri Tajfel fue un psicólogo social británico, quien ha sido reconocido por sus investigaciones acerca de los aspectos cognitivos del prejuicio, por ser el principal desarrollador de la teoría de la identidad social. También se le reconoce por ser uno de los fundadores de la Asociación Europea de Psicología Social Experimental.

Las primeras investigaciones de Tajfel se basaron en la observación de los procesos de los juicios sociales. Tajfel trató de averiguar si las raíces del prejuicio y los estereotipos podrían hallarse en procesos del pensamiento al integrase a ciertos grupos, que en ámbitos de personalidad de cada individuo.

Posteriormente, Tajfel desarrollo la Teoría de la Identidad Social. En la que propone que las personas tienen tendencia y necesidad innata de construir una parte de su identidad sobre la base de su inclusión en un grupo. Sugiere que la gente se identifica con grupos con el fin de obtener identidad cultural (nos dicen quiénes somos) y autoestima (nos hacen sentir bien con nosotros mismos).

En la década de los setentas, el psicólogo Henri Tajfel propuso la Teoría de la identidad social. La cual afirma que los grupos a los que pertenecemos son capaces de definirnos y forman parte de nuestra auto valoración y auto concepto que es creado para fortalecer a nuestra autoestima. A partir de nuestra identidad con el grupo, viene el sentimiento de seguridad que nos define y por lo que nos esforzamos constantemente en buscar la máxima valoración para ese grupo

Principales conceptos teóricos

A continuación, se definen los principales conceptos acerca de la teoría social y su actividad y comportamiento en la sociedad. Después estos serán explicados con detenimiento con respecto a la relación que tengan con los estudios de masculinidad y su proyección en la cinematografía.

Concepto Definición Referencia
Identidad personal El autor de la teoría de Tajfel habla sobre que la noción de identidad personal es cuando hace especifica referencia al mismo acto de  refiere de autoconocimiento que nace y se desarrolla del mismo  individuo con sus  características propias. Haslam.S (2001), Psychology in Organizations – The Social Identitty Approach. Londres, Inglaterra. Sage

Publications

Identidad social En el escrito es definido a la identidad social como el auto concepto que tiene cada individuo que es creado por medio de la percepción de pertenencia a grupos sociales. Haslam.S (2001), Psychology in Organizations – The Social Identitty Approach. Londres, Inglaterra. Sage

Publications

La desaparición del “yo personal” En la Teoría de la identidad social, una persona no tiene un “yo personal”, sino varios seres que corresponden a la ampliación de los círculos de pertenencia a grupos. Haslam.S (2001), Psychology in Organizations – The Social Identitty Approach. Londres, Inglaterra. Sage

Publications

Múltiples identidades sociales El autor especifica que las múltiples identidades sociales son permitidas y provocadas por diferentes contextos sociales ya que estos pueden desencadenar a una individuo para pensar, sentir y actuar sobre la base de su “nivel de identidad” personal, familiar o nacional. Haslam.S (2001), Psychology in Organizations – The Social Identitty Approach. Londres, Inglaterra. Sage

Publications

El “nosotros” en la formación de la identidad En la investigación menciona que la teoría de identidad social existe cierta percepción individual de lo que define el “Nosotros” que es constantemente asociado con cualquier tipo de status en grupos sociales. Haslam.S (2001), Psychology in Organizations – The Social Identitty Approach. Londres, Inglaterra. Sage

Publications

La integración a un grupo. La Teoría de la identidad social afirma que la aceptación grupal crea un grupo interno / autocategorización y mejora en formas que favorecen al grupo a expensas del grupo externo. Haslam.S (2001), Psychology in Organizations – The Social Identitty Approach. Londres, Inglaterra. Sage

Publications

Consecuencias de la integración de un grupo. El autor menciona que los individuos después de ser categorizados como miembros de un grupo, las personas buscan lograr autoestima positiva al diferenciar positivamente su grupo interno y se crea cierta valoración ante él. Por lo tanto, los individuos se empiezan definir en términos de “nosotros” en lugar de “yo”. Haslam.S (2001), Psychology in Organizations – The Social Identitty Approach. Londres, Inglaterra. Sage

Publications

Relación de la teoría de la identidad social y la psicología social. La teoría de la identidad social tiene un impacto considerable en la psicología social. Esto es debido a que existe una amplia gama de campos y entornos e incluye prejuicios, estereotipos, negociación y uso del lenguaje. Haslam.S (2001), Psychology in Organizations – The Social Identitty Approach. Londres, Inglaterra. Sage

Publications

La aparición de favoritismo en un grupo En el escrito, es evidente que se puede identificar tres características que crean el favoritismo en grupo. Estas serian que a la medida en que los individuos se identifican con un grupo para pertenecer a este, se entiende al grupo como un aspecto de su auto concepto. También, mientras más predominante sea el contexto del grupo, los individuos querrán pertenecer a este. Haslam.S (2001), Psychology in Organizations – The Social Identitty Approach. Londres, Inglaterra. Sage

Publications

Relación con el objeto de estudio

Al principio, el teórico quiere dejar en claro que la idea de identidad personal que se refiere al autoconocimiento procede de ciertas características íntimas de cada persona. Asimismo, en la masculinidad también se encuentra la necesidad de marcar la idea original y concepto de la necesaria transformación de los hombres desde una ideología particular.

Igualmente, el autor define a la identidad social como el auto concepto que tiene cada individuo, este es producto de una creación de la percepción de pertenencia a grupos sociales. Por consiguiente, la masculinidad es un proceso y no una construcción acabada porque depende esencialmente de las relaciones de los hombres con sus familias.

Por lo tanto, es importante recalcar que una persona al dejar de tener el auto concepto y ahora tiene nuevas identidades que corresponden a la integración de nuevos círculos de pertenencia. Esto lo podemos presenciar en que la masculinidad implica la existencia de más entidades discretas que tienen una serie de características (sean estas actitudes, comportamientos o ideas) que son observables en grupos. Gracias a esa nueva interacción del grupo social, la teoría de identidad social crea una percepción individual de lo que define el “nosotros” que es asociado con status en grupos sociales.

En la masculinidad esta nueva percepción de nosotros, crea el concepto de masculinidad hegemónica, la cual engloba a los grupos dominantes de hombres que sustentan el poder e interactúan con la masculinidad de subordinación y la de complicidad hacia los demás individuos de la sociedad, sin exentar a los hombres. Esto explica de manera consiente que la teoría de la identidad social afirma que la aceptación grupal crea un grupo interno y mejora en formas que favorecen al grupo a expensas del grupo externo. Al ser integrados en esta misma categorización como miembros de un grupo, las personas buscan lograr cierta valoración ante él. Es por lo que los individuos se empiezan definir en términos de “nosotros” en lugar de “yo”.

Es importante recalcar el surgimiento de que estas mismas múltiples identidades; son incitadas por diferentes contextos sociales ya que ayuda al individuo a reflexionar sobre la base de su “nivel de identidad” personal, familiar o nacional. Esto también puede provocar que en la masculinidad es más frecuente encontrarse con hombres que han empezado a cuestionarse que solamente por ser hombre deber de cumplir con las expectativas que conllevan.

El área más importante de la teoría social que es muy necesario rescatar nuestra información sobre las observaciones que afirma que los grupos a los que pertenecemos nos definen y forman parte de nuestra auto valoración y conforman eventualmente la calidad de nuestra autoestima. Un ejemplo de ello es la masculinidad y como ésta se proyectan grupos sociales ya que se establecen relaciones sociales de dominio y subordinación, que permiten a los hombres tener el poder sobre quienes socialmente se encuentran desposeídos de éste.

La teoría social nos explica que en cierto grupo debes adquirir asimilar y reproducir las mismas actitudes que tienen los demás para qué sean identificables entre el grupo. Esto se refleja mucho en la masculinidad ya que es definida como el conjunto de atributos, valores, comportamientos y conductas que son características del ser hombre en una sociedad determinada.

Por lo tanto, si no puede actuar debido a los parámetros designados a la masculinidad, no se podrá pertenecer y ser aceptado en ese grupo. Esto proviene que el concepto de masculinidad está constituido por estereotipos y normas acerca de lo que los hombres deben de ser. Gracias a estas características, la identidad del grupo tiene sentimientos de seguridad y determinación que es capaz de definir.

La manera de fortalecer los ideales del grupo es al ser validada por la sociedad en sí. Una de manera de aproximarse a ellos son los medios, es cuando aquí empieza el protagonismo y la importancia del cine, el cual ha sido pionero en nuestros tiempos de modernidad al servir como constructor de identidades en el desarrollo que ha tenido la industria fílmica nacional.

Esta teoría explica como el concepto que un individuo tiene de sí mismo puede explicarse a través del grupo al que pertenece y su forma de actuar varía según el grupo en el que se encuentre. Por lo tanto, mientras más arraigado sea el concepto de masculinidad en un grupo, este será mantenido y validado por quienes lo rodean.

Discusión

A través de las diferentes citas y diálogos que son presenciados en la tabla de resultados, podemos observar conceptos como honor e integridad. Que eventualmente sirven como manera de controlar las emociones masculinas. Esta actitud y sus variaciones son centrales para la definición social del yo masculino con estatus de poder. Otra característica que podemos encontrar en los diálogos de películas mexicanas, es que los hombres no pueden ser íntimos con alguien más debido a que sienten que están traicionando a su hombría.

¿Por qué es tan difícil hablar de la masculinidad en las películas mexicanas?

Puede ser muy difícil hablar de la masculinidad en nuestros medios de comunicación porque es un proceso de reflexión e introspección que involucra averiguar y analizar las partes más íntimas de nuestras vidas; las relaciones con los padres o la pareja, el sentido de seguridad y autosuficiencia, el sentido de invulnerabilidad, etc.

Hablar de masculinidad, es internarse en eso que hoy se llama desconstrucción, desestabilizar lo que se creía esencia, naturaleza, mediante su contextualización social, es un proceso que lo involucra a uno en lo más íntimo: sus relaciones con los padres o la pareja, el sentido personal de valía social, el sentido de seguridad y autosuficiencia, el sentido de invulnerabilidad, los pactos tácitos que uno establece crea una relación importante para la construcción de nuestra subjetividad masculina.

Socialmente podemos entender que la construcción de la masculinidad, específicamente el proceso de hacerse hombre, está asociada con relaciones de tensión y de lucha simbólica, ya que la masculinidad tiene que ser demostrada todo el tiempo, sin importar las circunstancias. Estas eventualmente son asociadas con una serie de objetos que se transforman en símbolos de la masculinidad como: fumar, pelear, hacer deporte, tomar; pero todo haciéndolo como un hombre. Esto demuestra que el adquirir una identidad masculina reconocida por todos en la sociedad ya sea tu familia o por gente desconocida, implica una competencia en diversos escenarios.

Anteriormente comprendimos que, en la teoría de social, es necesario adquirir asimilar las mismas actitudes que tienen los demás para qué sean identificables entre el grupo.

“La identidad social, es algo más que una realidad natural, biológica y/o psicológica, es más bien algo relacionado con la elaboración conjunta de cada sociedad particular a lo largo de su historia, alguna cosa que tiene que ver con las reglas y normas sociales, con el lenguaje, con el control social, con las relaciones de poder en definitiva”. (Haslam, 2001)

Además de las prácticas en la que los hombres deben demostrar su identidad, las personas a su alrededor se ven en el deber de adoptar actitudes en las que se refleje la autoridad y obediencia entre hombres y mujeres. En este sentido, la masculinidad es producida mediante las diferencias de los demás (quien no alcanza el ideal masculino y quien sí) y también la masculinidad nace y se fortalece mediante las relaciones de poder en el cual los hombres buscan representarse como seres dominantes ante los demás para expresar su validación.

“Las personas tienden a maximizar su autoestima mediante la identificación con todos aquellos grupos sociales específicos a los que pertenecen e intentando además que sean valorados de forma positiva, en comparación con los otros grupos.” (Haslam, 2001)

Esta cita de nuestro teórico ejemplifica que, como humanos, es casi innata la necesidad de buscar todo el tiempo algo que nos pueda definir en nuestro esplendor y en ocasiones debemos de demostrarles a los demás lo que nos describe. Aunque sea necesaria nuestra responsabilidad al ponernos a reflexionar cuando estas mismas acciones perjudican a los demás y en el peor de los casos, a nosotros mismos.

“Tener conciencia de la identidad de los grupos a los que pertenecemos y aquéllos a los que no, nos hace la vida más sencilla y facilita nuestras relaciones interpersonales e intergrupales” (Haslam, 2001)

He aquí la paradoja donde los hombres del mundo se ven envueltos, ya que sus patrones y reglas de identidad pueden ser tan frágiles de dañar y al mismo tiempo, tan sencillas de lastimar a los demás.

Se debate mucho que cuando un hombre está dispuesto al adoptar los comportamientos que se piensan adecuados, esperados claramente normales de su género (podría ser su forma de pensar, vestir, hablar, etc) crean ciertas interacciones cotidianas producen y evidencian las acciones dominantes de lo que debe ser un hombre, o una mujer respecto a su género.

Es curioso como también hablar de masculinidad nos ayuda a comprender los problemas que tienen las mujeres gracias a esto; algunas mujeres también adoptan discursos y acciones que las ponen en un papel de subordinación en el ámbito doméstico y sin importar que tan usual sea, contribuyen de esta manera a la reproducción de formas de dominación masculina. Lo que genera estabilizar ciertas posiciones de desigualdad.

Estas mismas comparaciones ayudan a entender la complejidad de la masculinidad y también pude analizar a la perfección a todas las personas que puede llegar a dañar si la masculinidad se mantiene en la idea de competencia y poder.

En la cinematografía, podemos entender como los medios son los responsables en demostrar y englobar lo que se vive en nuestra sociedad, esto puede llegar al punto en que las mismas proyecciones que nos inculcan, nos vemos comprometidos a ellas al grado de reproducirlas continuamente.  Esto es un verdadero ejemplo de como el cine sirve de instrumento de modernización y como un fenómeno que repercute en los comportamientos sociales. Al moldear lo que vemos constantemente en el séptimo arte, forma parte de un proceso de masificación de la cultura y que logra homogeneizar a las masas.

Debemos entender que esta lucha frecuente en demostrar quien vale más por simplemente cumplir los caprichos de la sociedad, al hacer esto solamente ponemos en daño la salud mental de todos los que tengan que participar y claro, crea cierta normalización de hechos que deberían ser castigados.

En consecuencia, solo es capaz de crear hombres frustrados que solamente aprender a expresar lo que sienten a través de la violencia. Es nuestra obligación pensar y asumir en las consecuencias que esto puede traer en nuestro alrededor, justifica toda la violencia que vivimos con la simple excusa de que los hombres serán hombres. Vivimos en un mundo donde nos vemos construidos, y en ocasiones también destruidos, por los roles de género. Por lo tanto, es nuestro deber preguntarnos qué pasa también con los hombres y debemos categorizar los daños que provocan los prejuicios en nuestra sociedad.

Conclusión

Después de este trabajo de investigación, se puede resumir que los objetivos de nuestro trabajo se cumplieron con éxito debido al encuentro de los patrones de conducta en las actitudes de la masculinidad en la cinematografía. En cuanto a la hipótesis, es aceptada debido a que los medios que presentan las imágenes masculinizadas, transgreden a la realidad fuera de la pantalla. La investigación a futuro se sustentaría al seguir advirtiendo las actitudes masculinas en la cinematografía.

Bibliografía

Alfaro Gómez, C. (2009). De machos, héroes, afeminados y otros tanto mexicanos. Estudio historiográfico sobre las masculinidades en los siglos XIX y XX. Puebla, México. Editorial Graffylia.

Camaño, G & Martínez, S. (2015). Cine y las masculinidades. Los hombres en el séptimo arte nacional. Chillan, Chile: Universidad del Bío-Bío Facultad de Educación y Humanidades Departamento de Ciencias Sociales Escuela de Psicología.

Haslam.S.(2001).Psychology in Organizations – The Social Identitty Approach. Londres, Inglaterra. Sage Publications

Herrera, A (2001). La navaja de dos filos: una reflexión acerca de la investigación y el trabajo sobre hombres y masculinidades en México. Guadalajara, México. La Ventana. Revista de Estudios de Género.

Instituto Nacional de las Mujeres (2007). El impacto de los estereotipos y los roles de género en México. Ciudad de México, México. Instituto Nacional de las Mujeres.

Martínez, N.  (2011). Modelos de la masculinidad en el cine de la transición. Madrid, España. Publicado por la Universidad Carlos III de Madrid.

Pizarro, H. (2006). Porque soy hombre, una visión a la nueva masculinidad. CODAJIC. Adquirido en http://www.codajic.org/node/665

Puente, C. (2016). Masculinidad y violencia en el nuevo cine mexicano. Las películas de Luis Estrada. Ciudad de México, México. Publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México.

Rivera, G. (2017). No nacemos machos. Cinco ensayos para repensar el ser hombre en el patriarcado.Santiago, Chile. Publicado por Ediciones La Social.

Sambade, I. (2005). Cuerpo, masculinidad y violencia: un análisis filosófico sobre la función socializadora de los medios de comunicación de masas en las democracias occidentales. Valladolid, España. Universidad de Valladolid.

Torres. P. (2008). La recepción del cine mexicano y las construcciones de genero ¿Formación de una audiencia nacional? Guadalajara, México: Revista La ventana.